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EL ÁRBOL en el tarot Lenormand


Si bien no pretendo responder a preguntas trascendentales si voy a cometer la osadía de esgrimir un precioso saber.

Este bufón sabe de que está hecha la vida, sus ladrillos son del mismo material con el que se fabrican los cuentos.

Por ser tan sólidos los argumentos de engreídos científicos, que anuncian triunfantes en nombre de la biología que los cimientos que nos forman son compuestos bioquímicos, me veo obligado a retroceder ante esta verdad en mi pobre condición de bufón, sin recursos retóricos para refutar tamaña aseveración.

Somos biología, concedido, pero biología recubierta de historias.

Si algo nos diferencia de una ameba son las historias que nos visten.

Ese ropaje de cuentos nos hace ser quienes somos y nos hace vivir como vivimos.

Nos contamos, nos cuentan, en forma dialéctica con otros construimos nuestra ficción, pero cuidado, una ficción con profundos efectos de verdad.

Nuestra historia se cuenta desde antes de nacer por las expectativas de nuestros padres y se sigue contando después de nuestra muerte por quienes nos recuerdan.

Somos los principales responsables de la pluma que nos escribe, borra y reescribe. Narramos para otros, para nosotros mismos, para la humanidad.

Contamos nuestro presente, nuestro pasado y nuestro futuro. ¿Quieren mis lectores convertirse en magos?, ¿quieren cambiar lo que fue y lo que será?, pues cuéntense su vida de otra manera y esta cambiará en el mismo instante de la enunciación.

 La historia de una vida es desprolija, hecha de retazos, de profundas contradicciones. Por eso amamos las que brillan por su coherencia en los libros.

Si estamos hechos de relatos, si por nuestras venas circula tinta y no sangre contemos entonces el cuento más bello de todos.

Es aquí donde entra el árbol con la asociación que se me hace más inmediata: la salud. Que es estar sano sino poder contar el cuento más bello.

Creemos que la enfermedad es lo opuesto a la salud, nada más errado. Una persona enferma, puede darle a lo que le pasa muchos significados. Puede ser una prueba, una enseñanza, un aspecto más de la vida al que hay que hacerle frente.

La salud depende del cuento que nos contamos.

Y siguiendo con el hilo que la carta me tiende continúo con la siguiente asociación, el árbol evoca la familia.

La familia es la más vasta fuente de historias.

Llevamos en nuestra imaginación un cúmulo de relatos genealógicos. Nos constituyen biografías, las de nuestros padres, abuelos, tíos, etc, etc… además de todas las historias, cuentos y leyendas que ellos nos contaron, todo lo que de ellos nos fuimos enterando al crecer…

El relato familiar es la madera de la que está hecha el alma, nuestro núcleo más íntimo se forja en boca de nuestros seres más próximos, nos convertimos en personajes importantes de su historia y comenzamos de esta manera a existir.

Toda esa ficción que nos forma suele ser, como el árbol, rígida y antigua. El cuento en el que nos insertamos nos precede largo en el tiempo. Por eso cambiarlo puede ser difícil y trabajoso.

La vida es el arte de ser autores de nuestra propia historia. Por lo que debemos trabajar con la rigidez del árbol, con lo imborrable de las palabras dichas, con los puntos inflexibles de nuestra historia, con la estructura inquebrantable de nuestro yo para hacernos artesanos de nuestra propia madera.

El árbol es un camino de introspección, que va desde las viejas raíces hasta los más recientes retoños. Es una invitación a comprender el todo que se esconde detrás de los hechos aislados, es el llamado a inundar con imaginación la condición absoluta de la naturaleza. Es el recuerdo de que para estar vivos debemos creer en una bella historia para poder así tener fe en los demás y sobre todo en nosotros mismos.

Junto con este artículo va mi deseo de que no se nos pase inadvertida la sabiduría de la carta del árbol que anuncia que la vida se construye con creatividad e imaginación y que la salud y la dicha sólo dependen de nosotros que somos los artesanos narradores.

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LAS NUBES en el Tarot Lenormand

Terminé inevitablemente por concluir que la carta de las nubes tiene que ver con la confusión después de intentar durante varios días darle forma a un artículo sin ningún éxito, perdido entre frases mediocres (más mediocres aún que las que este bufón ha sido capaz de publicar).

Después de desechar todo lo escrito, sin siquiera pasar por la papelera de reciclaje, comprendí mi estancamiento al distinguir un error bastante tonto, pero que tiene mucho que ver con la forma en que pensamos en nuestra cultura.

Comentar el proceso de escritura de esta carta me parece pertinente porque cada vez me doy cuenta más cabalmente que este trabajo tiene que ver con un camino de exploración personal marcado por las cartas que se me van presentando.

Escribir para otros es una excusa para ordenar mis ideas, no es mi posición la de “enseñar” a usar el oráculo (no veo cómo podría hacerlo), no intento ocupar un lugar de saber, sino de usar un medio de comunicación como forma de expresión, la cual es siempre un trabajo sobre uno mismo.

Mi error con las nubes fue intentar dividir, basándome en las interpretaciones que la carta me ha sugerido en muchas tiradas, las situaciones de confusión en internas y externas.

Por externas se me ocurría la desorientación en un grupo humano, como la familia, el trabajo, los amigos, etc. En fin, cualquier situación en la que los roles se confunden y no hay posibilidad de avance. Esos momentos en los que uno no recibe un lugar, una función o una posición clara y todo se torna estancamiento y angustia.

Por otro lado pensaba en la confusión interna, cuando no sabemos lo que queremos o a donde apuntar para seguir adelante y no hay claridad para tomar decisiones.

Me daba cuenta de lo absurdo de la separación, pero esas situaciones se me tornaban tan patentes que no veía cómo resolverlo.

Me acordé de una frase hermética muy conocida: “Como es adentro es afuera”.

Suele pasar que la primera lectura de esta frase sugiere algo así como que lo interno influye al entorno y viceversa y en ese sentido intentaba trabajar las situaciones de confusión.

Pero la frase apunta a algo muy simple pero más radical y más difícil de pensar.

Como ES adentro ES afuera, es decir, no hay adentro ni afuera, o bien adentro y afuera ES LO MISMO.

La confusión es interna se manifiesta afuera, no hay algo sobrenatural , adentro y afuera es lo mismo.

Mantenemos la ilusión de separación porque lo que en realidad mantenemos es al YO como algo distinto del exterior.

Modificar algo del yo puede ser tan difícil como modificar algo del entorno, porque se trata de lo mismo.

Llevando estas ideas a sus últimas consecuencias, si buscamos lo estrictamente propio encontramos puro vacío.

No se trata de un vacío estéril, sino de un vacío deseante, una nada que intenta llenarse e insaciablemente nos mueve por la vida.

Mantener la separación nos demanda enormes esfuerzos. Lo que se intenta es defender al yo, mantenerlo como algo diferente, individualizable.

De esto se tratan los “mecanismos de defensa” Freudianos.

El yo, para mantenerse estructurado, tiene deshacerse de su deseo inconciente, es decir, reprimirlo, proyectarlo a otros, disimularlo en un síntoma en el cuerpo, etc.

No soy psicoanalista, soy bufón, pero la explicación freudiana viene al caso.

Otro autor, mucho más interesante que Freud voy a citar para hacer gráfico mi desarrollo, a riesgo de hacer de este artículo algo muy culturoso o intelectualoso.

“Yo no tengo una personalidad; yo soy un cocktail, un conglomerado, una manifestación de personalidades.

 
En mí, la personalidad es una especie de furunculosis anímica en estado crónico de erupción; no pasa media hora sin que me nazca una nueva personalidad.


Desde que estoy conmigo mismo, es tal la aglomeración de las que me rodean, que mi casa parece el consultorio de una quiromántica de moda. Hay personalidades en todas partes: en el vestíbulo, en el corredor, en la cocina, hasta en el W. C.


¡Imposible lograr un momento de tregua, de descanso! ¡Imposible saber cuál es la verdadera!

 

Aunque me veo forzado a convivir en la promiscuidad más absoluta con todas ellas, no me convenzo de que me pertenezcan.


¿Qué clase de contacto pueden tener conmigo —me pregunto— todas estas personalidades inconfesables, que harían ruborizar a un carnicero? ¿Habré de permitir que se me identifique, por ejemplo, con este pederasta marchito que no tuvo ni el coraje de realizarse, o con este cretinoide cuya sonrisa es capaz de congelar una locomotora?


El hecho de que se hospeden en mi cuerpo es suficiente, sin embargo, para enfermarse de indignación. Ya que no puedo ignorar su existencia, quisiera obligarlas a que se oculten en los repliegues más profundos de mi cerebro. Pero son de una petulancia… de un egoísmo… de una falta de tacto…


Hasta las personalidades más insignificantes se dan unos aires de trasatlántico. Todas, sin ninguna clase de excepción, se consideran con derecho a manifestar un desprecio olímpico por las otras, y naturalmente, hay peleas, conflictos de toda especie, discusiones que no terminan nunca. En vez de contemporizar, ya que tienen que vivir juntas, ¡pues no señor!, cada una pretende imponer su voluntad, sin tomar en cuenta las opiniones y los gustos de las demás. Si alguna tiene una ocurrencia, que me hace reír a carcajadas, en el acto sale cualquier otra, proponiéndome un paseíto al cementerio. Ni bien aquélla desea que me acueste con todas las mujeres de la ciudad, ésta se empeña en demostrarme las ventajas de la abstinencia, y mientras una abusa de la noche y no me deja dormir hasta la madrugada, la otra me despierta con el amanecer y exige que me levante junto con las gallinas.


Mi vida resulta así una preñez de posibilidades que no se realizan nunca, una explosión de fuerzas encontradas que se entrechocan y se destruyen mutuamente. El hecho de tomar la menor determinación me cuesta un tal cúmulo de dificultades, antes de cometer el acto más insignificante necesito poner tantas personalidades de acuerdo, que prefiero renunciar a cualquier cosa y esperar que se extenúen discutiendo lo que han de hacer con mi persona, para tener, al menos, la satisfacción de mandarlas a todas juntas a la mierda.”

Oliverio Giriondo, un poeta argentino, ayuda con su arte a este bufón a compensar su pobre estilo literario.

Termino con la idea de que tal vez mandando “a todas ellas a la mierda” podamos hacer florecer un genuino vacío interior en su paradójica existencia y lograr dar algunos pasos en la confusa ensalada de la vida.

Y si de confusiones se trata, pretender que el artículo se distinga por su claridad no forma parte de una aspiración lógica, pero es posible que de esta manera algo de las nubes pueda transmitir a mis amables lectores, tan importantes para que este bufón explore las enigmáticas cartas.

El Modo Bufónico de Pensar la Tiradas Lenormand

Bufónica Tirada Aleatoria Lenormand

 

Antes de continuar con el comentario de cada carta del Tarot Lenormand me interesa publicar unas palabras sobre el modo de tirar las cartas para obtener información.

Es imprescindible conocer un dato muy importante sobre las tiradas y la manera de leer las cartas para poder obtener resultados. Quiero ser muy claro en esto, es sólo mi punto de vista, por supuesto.

Lo que es imprescindible entender es que no hay tiradas, no hay fórmulas, no hay reglas ni en la distribución ni en el modo de leer las cartas.

Si desconocemos esto perderemos mucho tiempo buscando recetas para adivinar, con resultados muy pobres.

Cada tarotista tiene que buscar su modo, sin él es imposible recibir algún mensaje, ya que el mensaje no parte de las cartas sino de nuestro interior.

Para escuchar la voz de la intuición existen algunas técnicas, algunos ejercicios, pero poco valor tienen en sí. Sólo son disparadores.

El secreto y el arte del practicante consisten en lograr entender lo que la intuición dice y poder traducirlo a palabras.

Sólo la práctica es el maestro capaz de despertar esta oscura región de nuestro ser, tan inexplorada en nuestra cultura.

Ahora bien, ¿sirven las tiradas prediseñadas?. Puede que sí, de todas formas creo que las más útiles son las que uno se inventa o las ajenas ligeramente modificadas, hechas propias.

Las tiradas son esquemas pensados para averiguar cuestiones sobre un tema particular. Mi amiga blogger, azul tarot, tiene unos diseños que me resultaron sumamente interesantes, ese es uno de los motivos por el que la enlacé a mi blog. Ella escribe sobre el Tarot Rider, que es una versión del Tarot de Marsella, pero son totalmente adaptables al Lenormand.

En fin, las tiradas pueden servir de guía para la lectura, pero de ningún modo son fórmulas inamovibles.

Mi recomendación para quienes se inician es prescindir de ellas. Desde mi punto de vista son más útiles cuando se acumula algo de experiencia y se interioriza el oráculo.

Aconsejo tirar las cartas de cualquier manera, distribuirlas en el espacio de acuerdo al sentimiento de cada uno y dejarse tomar por lo que se ve. El mensaje se irá armando en nuestro interior.

Una de las cosas que intento romper con mi modo de describir cada carta es la idea de que existe un significado estático para cada una o el valor positivo o negativo que se les atribuye.

No podremos encontrar ninguna información válida si nos quedamos con esto a la hora de leer el Tarot.

Es muy común que se atribuya una correspondencia casi literal y fija a la carta  a un significado un tanto arbitrario.

Voy a valerme de un ejemplo: en una tirada en que aparece la dama, la serpiente y el zorro hay quienes se ven muy tentados a leer de forma casi “literal”: “una dama malvada con dudosas intensiones será artífice de una estafa”. Este modo de interpretar el oráculo Lenormad está sumamente extendido y creo que sólo nos puede llevar a esterilizar cualquier posibilidad de adivinación.

Hay quienes incluso llegan a unir dos cartas y darles a esa combinación un simbolismo estático.

Lo que cada carta evoca depende de la intuición en la tirada, jamás de un saber prefijado.

Es por esto que las tiradas sirven, siempre que no hagamos de ellas fórmulas imprescindibles y limitantes.

Considero a la conocida “gran tirada Lenormand” la más perjudicial en este sentido. Pretende contemplar aspectos sumamente estáticos sobre una persona valiéndose de una disposición de las cartas que se parece más a una fórmula aritmética que a un uso oracular.

Propongo a mis lectores un ejercicio: adivinar sin cartas. Es muy sencillo, la idea es relajarse durante unos minutos, dejar la mente en blanco y esperar que surjan imágenes en respuesta a una pregunta que previamente anotamos en un papel.

Estas imágenes comenzarán a despertar sensaciones y serán un disparo para la intuición. Luego de unos minutos de sentir la información que en este estado nos llega, abriremos los ojos y encontraremos en nuestra conciencia gran cantidad de datos que deberemos interpretar.

Recomiendo que la pregunta no sea muy relevante, sin tanta carga afectiva, de esta manera será más fácil realizar el ejercicio.

Es realmente sorprendente como podemos obtener la misma información que obtendríamos utilizando las cartas. Si logramos hacer lecturas de este modo comprenderemos que el mecanismo siempre se desarrolla en nuestro interior, nosotros sólo lo proyectamos en las cartas, las cuales actúan simplemente como facilitadoras.

Trato de evitar una posición de saber y mucho menos de impartir dogmas, cada quien usa los oráculos como se le da la gana y para eso no tengo objeción. Sólo intento desarrollar mi humilde punto de vista.

Es esta la razón por la cual al escribir sobre los significados de las cartas intento lograr un estilo difuso, esperando no coagular esas fantásticas imágenes con mis torpes palabras.

 

EL LIBRO en el Tarot Lenormand

Sólo porque estamos acostumbrados, “estas cosas” que son los libros no nos causan sorpresa.

Extraño artefacto con innumerables hojas pegadas, lleno de palabras que llevarían horas o días decirse…

Nunca compraríamos un libro si no estuviéramos totalmente convencidos que dentro de él hallaremos un precioso secreto.

Hasta la novela más simple intenta persuadirnos que entre sus páginas encontraremos una extraña mezcla de sensaciones y saber que harán que algo dentro de nosotros cambie para siempre. ¿Si no fuera así quien se tomaría el trabajo de leer un libro?

Todos recordamos una obra especial que nos cambio la forma de ver el mundo. Esa historia, ese escritor, ese pensador que modificó algo íntimo en nuestro ser.

Algo de esto evoca la carta del libro. Un secreto por rebelarse, algo que falta saber.

En la carta el libro se presenta cerrado y esperando ser leído, es un conocimiento que se ofrece cuando quien consulta sea capaz de tomarlo, de enfrentarlo.

El secreto está al alcance del consultante, sólo que las cosas más simples, las que de verdad importan, son muchas veces más difíciles de entender que las grandes construcciones intelectuales, incluso suelen ser obstaculizadas por estas.

Esta carta representa un conocimiento trascendente para la persona que consulta. Algo que se revela o algo que falta revelarse, algo que falta entender.

Pasar del saber al conocimiento y del conocimiento a la verdad es un camino posible, pero no debemos olvidar que hay verdades que se imponen sin estos pasos previos y no se trata verdades comunicables. La verdad última no puede decirse o bien puede decirse Dios. Hay un punto insondable que sólo podemos sentirlo en su inmutabilidad perdida, vedada para ojos humanos como la zarza ardiente.

Eso que se nos revela como inabarcable, infinito, irrepresentable, opera en nuestra realidad cotidiana como lo que no puede incluirse y desde afuera instaura sus efectos en lo más íntimo.

El libro representa lo que podemos y no podemos conocer. Es por esto mismo un recordatorio de lo limitado de la condición humana, un llamado a la humildad.

Solemos esgrimir verdades en las que nos sostenemos y sin darnos cuenta estas toman el control de nuestra vida. Juzgamos a otros y a nosotros mismos desde nuestras pequeñas verdades y somos capaces de las más duras condenas con tal de mantenerlas vigentes.

De la misma manera todos pasamos por situaciones-libro en las que, muchas veces con dolor, debemos reconocer la pequeñez de nuestro saber y replegarnos con humildad a la enormidad del universo. Cada uno de estos momentos-libro son oportunidades para crecer.

LA NIÑA en el Tarot Lenormand

La carta de la niña es una representación que no se puede abarcar con palabras, cada vez que aparece en la tirada me genera un proceso mental difícil de describir, a continuación, si mi capacidad me lo permite voy a intentar transmitirlo.

Antes de avanzar voy a reiterar que no creo conveniente encerrar una carta en un significado estático. Inocencia, inmadurez, carta positiva, etc están bien, pero el oráculo exige más que eso, es como si a una obra de arte intentamos violentarla con un “significado”.

No hay significados en las cartas, hay cartas, con una presencia real que evocan, nada más, el resto corre por cuenta de la creatividad del tarotista.

La figura que me ocupa en este articulo entraña significados profundos, que no hacen referencia a una niña en sí sino a un aspecto concreto del ser humano. No podemos obviar en un estudio mas o menos serio (no tan serio, soy bufón) lo enigmático de la imagen.

La niña no puede dejar indiferente a ningún tarotista que utilice el sistema Lenormand. Encierra un misterio a desentrañar, implica todo un trabajo de lectura desarrollar su simbolismo.

Antes de seguir leyendo, señor/señora lector/lectora haga una pausa, deje de atender a estas palabras y observe la figura en su mazo. Nadie puede quedarse indiferente ante la fuerza de esa imagen. La pregunta es por qué genera ese efecto.

Se nos muestra la niñez en género femenino.

¿Por qué se representa a la mujer niña? La feminidad es un misterio profundo, tanto para el hombre como para la mujer. Todo aquello que está más allá de las palabras involucra a lo femenino y le da su forma. La intuición, según el saber popular, elige a las mujeres para su expresión. La sexualidad en la mujer es un enigma del que ni siquiera ellas pueden dar cuenta, sólo sentirlo.

La mujer goza como niña, más allá de lo decible, abarca al espíritu en el goce carnal, muy distinto de los hombres, que encuentran en la posesión, en el órgano o en el hecho de realizar el acto un placer puntual y definible.

La mujer es misterio oculto detrás de una fragilidad que hace de máscara. La seducción es femenina, el amor se inclina hacia lo femenino.

Esta carta es la inocencia, no la de una niña, lo cual sería muy limitado. Sino lo que representa una niña en lo íntimo de la constitución de un adulto. Ese elemento niña que en nuestra personalidad expresa amar, desear, buscar lo nuevo con la inocencia poderosa, reveladora y sabia de la mujer niña.

Me dejé tomar por la carta, no sé si la claridad forma parte de este artículo, pero pretendo evocar más allá de las palabras y de los significados estáticos. Mi estilo un poco indeterminado, que sabrán disculpar mis indulgentes lectores, intenta trascender el “catálogo” de significados y los decálogos de teoría, tan inútiles desde mi punto de vista en un sistema de adivinación.

Las ciencias racionales exigen un conocimiento teórico de la materia en cuestión, el oráculo involucra un saber diferente, más cercano al del artista, del creador o del sabio. Tan difícil de aprehender, tan inasible. No me pretendo sabio ni mucho menos, pero es al menos el camino que un oráculo marca. Es por eso que todas las prácticas mágicas requieren el manejo mántico.

Con mi modo bufónico de explorar las cartas no pretendo esgrimir verdades sino un modo de abordar cada figura que dispare la imaginación del tarotista, es la imaginación más que el saber el camino que libera a la intuición.

La carta de la niña marca ese rumbo de sabiduría que parte de la inocencia, no de la acumulación de saber que sólo estanca. Enseña a recibir lo que se siente, la capacidad de alojar una verdad que se impone en contra de lo que nos marcan nuestros conocimientos previos.

Los verdaderos actos, los genuinos no parten del saber, se imponen desde el íntimo deseo transformador que surge en alguna parte de nuestro ser. El acto que nos hace estar vivos tiene que ver con la niña, con esa fragilidad interior, receptiva y creativa que todos portamos.

Una vez más me sorprendo con tan enredado artículo y más aún con mi decisión de publicarlo de todas maneras. Pienso que es posible que este desorden marque una dirección de lectura más productiva que una exposición “clara y distinta”.

Creo que con sólo comprender lo que la carta de la niña representa avanzaremos más en la lectura oracular que con mil páginas escritas.

LA CASA en el Tarot Lenormand

casa en el tarot lenormand

La casa condensa elementos muy fuertes disimulados en una carta que se presenta a primera vista simple y agradable.

Hace referencia al origen, al punto de partida, al punto de referencia y al punto de llegada.

Todos portamos estos elementos de forma más o menos clara y tienen su lugar en cada situación y cada acto de nuestra vida.

Intervienen permanentemente, de forma conciente y a veces más o menos inconciente estructurando fantasías que imponen rumbos y elecciones.

La carta de la casa condensa lo íntimo, lo que se esconde detrás de una bella fachada.

Es de tal complejidad la interpretación que refuta a las claras la falsa simplicidad asignada gratuitamente al Tarot Lenormand.

Esta carta toca fibras de lo íntimo que se hunden en las profundidades de la subjetividad, hacerla intervenir en la interpretación exige como mínimo cierto trabajo de reflexión e imaginación.

¿Qué valor tienen los muros protectores de un hogar en la tirada, en la pregunta particular del consultante?

Aconsejo valerse de esta pregunta o una similar cuando se la encuentre en una lectura, partiendo de aquí se pueden abrir enormemente las posibilidades de interpretación.

No creo recomendable quedarse en lo habitual: seguridad, familiaridad, estabilidad, durabilidad, etc. Estos son significados coagulados, no quiero decir que estén mal ni mucho menos (dependerá de lo que a cada uno lo evoque), pero creo que estancan las enormes posibilidades aclaratorias que brinda esta carta.

Es fascinante pensar cuantos secretos esconde una casa.

Imaginemos que somos visitantes, invitados. Vemos la construcción desde afuera y nos transmite sensaciones. Al entrar encontramos las pistas, los rastros que dejan impresos en el interior cada uno de sus habitantes. El lugar tiene características singulares, no existen dos casas que se parezcan en su interior. Hay colores, olores, ruidos que le dan un tinte único. Nuestros anfitriones nos guían, nos ofrecen un sitio para ponernos cómodos en un lugar reservado para las visitas. Desde allí podemos ver zonas de la casa en las que los que vienen de afuera no suelen entrar, alguna puerta, una escalera que no sabemos a donde conduce, como si fueran sectores prohibidos o reservados a personas de mucha confianza.

Quienes habitan esa casa tienen un modo de recibirnos, una forma de interactuar entre sí, tienen una historia en común, podemos acceder a parte de ella pero otra permanece en secreto, solo sus habitantes la conocen.

Cuando nuestra visita termina la casa adquiere otro funcionamiento, todo comporta otra dinámica, más íntima, más oculta a la mirada exterior. Se mezclan el amor, el odio, las peleas y los afectos. Aparecen cosas extrañas a quienes no viven allí.

El misterio habita todas las casas, la propia, las ajenas.

Todos contamos con un lugar que consideramos propio, de hecho o de derecho, pero propio al fin. Ese sitio nuestro que aloja lo íntimo, del cual partimos y al cual volvemos.

La figura en todas las ediciones Lenormand muestra una casa idealizada, más cercana a una fantasía infantil, a un vestigio de la niñez que sigue operando. Nos remite a infancia del consultante, pero también a la nuestra, nunca es fácil de separar pero es absolutamente necesario para no mezclar lo propio en la tirada.

Este artículo es un intento de generar múltiples interpretaciones en lugar de cerrarse a unas pocas. Será un desafío para cada uno que utilice este oráculo dar el justo valor a esta figura que exige siempre un trabajo introspectivo para separar lo propio. Se hace imprescindible un buen diálogo con el consultante para ir situar a la casa en la interpretación adecuada.

Espero ansiosamente recibir comentarios sobre esta carta, conocer que les evoca a otros para así poder profundizar en una imagen tan compleja y fascinante.

LA CARTA en el Tarot Lenormand

Lo que esta carta evoca está irremediablemente perdido para quienes nos hemos habituado a Internet.

Debemos hacer un pequeño esfuerzo de imaginación para alcanzar algo que antes era una realidad cotidiana: los mensajes por carta.

Los e-mails son descoloridos derivados de un sistema de comunicación antiguo.

Actualmente lo único que llega por correo son facturas y avisos legales, con esto el servicio postal perdió todo el romanticismo de otras épocas (recordemos que el oráculo Lenormand se dibujó en el siglo XIX).

En la primera mitad del siglo XIX se inventó el telégrafo, el cual aún no había logrado difusión, ni siquiera se había inventado el código Morse.

Los mensajes llegaban por correo, el cual para funcionar, debía ser un medio veloz y seguro de comunicación, por ese motivo podemos relacionarla con un corto período de tiempo.

Quien esperaba noticias se movilizaba con la llegada del cartero. Este oficio mantenía un halo misionero, tenía una carga emocional y un reconociendo totalmente olvidado, muy lejos de los empleados actuales, cadetes que no evocan nada.

Esta carta está muy relacionada con las noticias, los avisos, con la ley y con documentos legales.

La carta del jinete también nos evoca noticias, hay una diferencia significativa.

Tiene que ver con el tipo de noticias y con el tono de estas, voy a explicarlo.

En varios lugares leí que la carta de la carta, valga la redundancia, se relaciona con el lenguaje escrito. Esto no es exactamente así, pero permite captar algo.

Yo diría que el mensaje es indirecto o impersonal, como una citación judicial o alguna noticia sobre un familiar que vive lejos.

La carta del jinete representa alguien que llega a nuestra vida, con una presencia bien marcada y cambia radicalmente nuestra realidad. Tiene un impacto mucho mayor.

Podemos decir que el jinete se refiere más al mensajero que al mensaje.

Ejercicio Para Focalizar y Desarrollar la Intuición

¿Cómo diferenciar la información intuitiva de expectativas, prejuicios, razonamientos lógicos, etc?

Aquí no contamos con recetas ni fórmulas, sino con ejercicios y práctica.

Lo primero que recomiendo hacer antes de empezar una tirada es “chequear” la información que nos llega a través de las funciones psíquicas (sensación, sentimientos, razón e intuición).

Empecemos por la sensación: Nos relajamos por medio de una respiración un poco más profunda que la habitual y sentimos el cuerpo. Debemos recorrer rápidamente cada parte de nuestro cuerpo y focalizar áreas de tensión. Buscar una buena postura en la que nos sintamos cómodos.

Luego nos focalizamos en las sensaciones que provienen del ambiente, tales como la luz, la temperatura, etc.

Seguimos con los sentimientos: Nos preguntamos que nos hace sentir el consultante. Puede ser afecto, amor, rechazo, odio, admiración, lástima, en fin, lo que sea. No debemos juzgar lo que sentimos, simplemente debemos sentirlo.

A continuación exploramos la información que nos llega por la razón: aquí interviene todo lo que ya sabemos sobre el consultante, si lo conocemos, o lo que deducimos por su discurso, por su manera de hablar, de moverse, etc. O sea, todas las conclusiones más o menos lógicas que vamos extrayendo del encuentro con el consultante.

Por último observamos la información intuitiva. Es sin duda lo más difícil, incluso de explicar, porque nadie nos enseña que esta existe y desde pequeños nos instan a desconfiar de ella en vez de ayudarnos a desarrollarla.

Una vez que recorrimos las primeras tres funciones la información que llega es la intuición. Puede que no encontremos nada por falta de entrenamiento o bien que nos llegue “ruido intuitivo” imposible de descifrar. No importa, estemos seguros que lo que nos llega después de este procedimiento es intuición.

Con un poco de práctica esto puede llevar unos pocos minutos, incluso segundos.

Una vez que logramos identificar la información intuitiva comenzamos a tirar las cartas.

La utilidad de este ejercicio es “chequear” la información previa a la tirada y sentir como esta se modificando por las cartas que aparecen. Cuando aprendamos a diferenciar la intuición y focalizar en ella la atención daremos un paso importante en la lectura práctica de cualquier oráculo.

Este ejercicio es muy simple, pero ayuda mucho a quienes se inician en la adivinación.

La Creatividad en las Tiradas de Tarot

Resumen: La conjunción entre creatividad e intución constituye el modo de abordar un oráculo. Los significados de las cartas deben ser amplios y nunca categóricos para dar rienda suelta al arte de la interpretación.

Tirada de Tarot

Antes de comenzar a leer los significados de las cartas Lenormand creo fundamental una advertencia preliminar que es válida también para todos los oráculos que se empleen.

Los métodos de adivinación son un medio para movilizar y posicionar correctamente la intuición que todos tenemos por naturaleza.

Estos sistemas están diseñados con este fin, por lo tanto saber usarlos no tiene que ver con conocer significados sino con saber valernos de la intuición.

Hace tiempo conocí a una persona que “tiraba los cigarrillos” con muy buenos resultados intentando demostrar la independencia absoluta del medio adivinatorio que se utilice.

Por supuesto, estas mancias experimentales funcionan en quienes tienen mucha experiencia con métodos tradicionales, es probable que no sean de ninguna utilidad para los principiantes.

Lo que intento es que se capte la idea de que no hay significados estáticos en las cartas. Todo depende de lo que dicte la intuición en el momento de la tirada.

Debemos estar muy receptivos a lo que “nos llega” a la mente cuando las cartas están sobre la mesa.

Ahora bien, ¿cómo sabemos si lo que nos llega es información intuitiva o son expectativas, prejuicios, razonamientos más o menos lógicos, etc? ¿Hay algún modo de saberlo? La respuesta es sí, pero es sólo a través de la práctica y de ejercicios específicos que podemos diferenciar estos elementos.

La pregunta es entonces para qué estudiar los significados de las cartas ya que no importan en absoluto.

En este punto la razón no ayuda, estamos acostumbrados a entender todo racionalmente y en adivinación esto no cuenta demasiado.

Los significados nos posibilitan familiarizarnos con el oráculo, entrar en contacto íntimo con él y sirven como disparadores de la imaginación.

Estamos demasiado habituados a separar imaginación de realidad, en la lectura de los oráculos la imaginación ES la realidad, son ambas la misma cosa. Si no entendemos esto no podremos predecir ni el clima.

Nuestro mundo es imaginación, nuestro yo es imaginación, nuestro lugar en la sociedad es imaginación.

Creemos que somos lo que somos porque alguien nos lo dijo o nos lo dio a entender de alguna manera. Amamos a las personas por lo que imaginamos que son y con este mismo acto las constituimos.

Nuestra vida está decorada con la ficción que nos creamos, ficción con efectos de verdad.

Estamos acostumbrados a pensar que la realidad es lo que podemos ver, tocar, medir y que la ficción es lo que crea nuestra mente pero ambas son la misma cosa.

Un país es una ficción, sin embargo tiene efectos, un rey es una ficción, sin embargo gobierna, un actor con su arte nos genera sentimientos genuinos con un personaje. Ficción y realidad se funden y confunden todo el tiempo.

Somos lo que creemos que somos. Si cambia la ficción cambia la realidad.

Entonces me permito concluir que las cartas de tarot son una ficción con efectos de verdad que actúan como canal para la intuición.

Tenemos que contar una historia con las cartas, tenemos que ser creadores y artistas a la hora de adivinar. Debemos aprender a dejar volar la imaginación guiada por la intuición.

Todo esto se vería muy limitado si reducimos la carta a un significado estático o si le damos un valor positivo o negativo. Nada de esto tiene sentido, solo limita y obtura.

Otra forma de cerrarle el camino a la adivinación es leer las cartas como si fueran un texto. Por ejemplo: sacamos la carta del añillo, el perro y la serpiente y leemos:”Te vas a comprometer con alguien que te va a traicionar”. Esto es sencillamente obtuso.

Busquemos creatividad!, hagamos un el esfuerzo de poner el alma en la lectura, como si fuéramos escritores, guionistas, poetas.

El tarot sin creatividad, sin magia, sin invención pierde su espíritu, se opaca, se marchita. Al tarot marchito no podremos usarlo más, no nos dirá nada, leeremos siempre lo mismo y nos aburrirá pronto.

Recordemos que cada tirada es única e irrepetible y se hace con el alma y con las tripas, no con la cabeza.

LA CRUZ en el Tarot Lenormand

La cruz es una carta muy compleja. Tal vez la más difícil de interpretar en la tirada.

Voy a hacer una descripción amplia, sin coagular sentidos porque esta figura tiene muchas aristas. Mi intención es hacer trabajar al inconciente en un proceso de evocación.

En occidente de manera casi automática asociamos éste símbolo al cristianismo, sin importar la religión que se profese.

El Via Crucis o “Camino de la Cruz” representa para los católicos las etapas que precedieron a la muerte de Jesús, desde su condena hasta la introducción de su cuerpo en el sepulcro.

Para esta religión la cruz representa la aceptación de Cristo del mandato del padre, la resignación al destino terrible asignado al Dios Hombre para salvar a la humanidad de sus pecados.  Representa el poder para transformar un símbolo de derrota en un símbolo de victoria. Lo que se derrota es la vida terrenal para dar paso a la vida eterna.

El cristiano acepta su destino con dignidad, carga su cruz por la vida imitando a Jesús para alcanzar la salvación.

No quiero extenderme en este tema, pero es sumamente importante ampliar todo lo posible la significación de este símbolo en el cristianismo para penetrar en el significado de la carta porque es a donde nos lleva inmediatamente la asociación inconciente.

Existen muchas variantes de la cruz en la cultura, generalmente como símbolos religiosos, formando parte de escudos de familia y en banderas o símbolos nacionales.

El tema es amplio y bien podría desviarme del propósito del artículo por lo que me voy a abocar sin más a la carta en el Tarot Lenormand.

Aquí el significado más popular es: destino. Otra ramificación inabarcable implica hablar del destino. Solo voy a mencionar que de acuerdo al momento histórico en nuestra cultura la concepción del destino fue mutando.

El concepto antiguo implicaba una idea de determinación inapelable. En las tragedias griegas el drama del héroe estaba dado porque su destino era inmutable y a pesar de todos sus esfuerzos por cambiarlo éste llegaría inexorablemente.

La idea del destino cambia en la modernidad, incidencia previa del cristianismo, que es la religión que esgrime el libre albedrío.

El drama posmoderno es la pregunta por el propósito en la vida, sin la cercanía del Dios del medioevo, sin el destino escrito, la pregunta por la causa y el motivo atormentan al hombre, seamos o no concientes de esto.

La libertad absoluta, sin necesidad de rendir cuentas, angustia y en ocasiones impide avanzar porque falta una finalidad.

Filósofos y ensayistas actuales lo plantean mucho mejor que yo, pero marco mi rumbo con estas ideas que contribuyen a aclarar la carta de la cruz.

El destino anunciado en las tragedias griegas a viva voz al héroe a partir de la modernidad se hace inconciente. De esto se valen los discípulos del tal Sigmund Frued.

Cumplimos con un destino inconciente impuesto por nuestras fantasías, por nuestra historia, por el lugar en nuestro grupo de origen, etc.

La cruz representa en parte nuestro destino inconciente. Todo lo que hacemos en la vida, sin saber por qué lo hacemos, guiados por las marcas que llevamos en las profundidades de nuestro ser.

La vivencia que tiene el consultante de su destino es como si fuera algo impuesto desde el exterior, cuando en realidad es autoimpuesto. Siempre somos libres diagramar nuestro camino, pero de esa libertad no queremos saber nada porque tiene un costado atormentador.

Jean Paul Sartre habla de lo angustiante de la libertad en un artículo titulado “El existencialismo es un humanismo”, sin duda lo desarrolla con una maestría de la que este bufón adolece, por lo que dejo un  link para el que le interese: http://www.uruguaypiensa.org.uy/imgnoticias/766.pdf

Continúo con mi interpretación de la cruz, por cierto muy personal. A medida que escribo siento el enredo de significados. Siento mermar mi claridad de exposición y ser excesivamente repetitivo con algunas palabras, espero que el benévolo lector sepa disculparme, pero esto representa la identificación con esta carta, creo que es la única forma en que se puede escribir sobre la cruz.

Destino, imposición, pesos que se cargan sobre la espalda hasta no aguantar más con tal de no volar, porque para ser livianos y volar hay que soportar con coraje la libertad.

Releo lo escrito y lo encuentro tan enredado, tan lleno errores gramaticales que me duele en mi bufónico orgullo. Cuando intenté mejorar el estilo me topé una gran dificultad y con un sentimiento claro de molestia. Creo que todo esto tiene que ver con la carta de la cruz. Me llevó bastante tiempo desarrollar este texto y finalmente me decidí a publicarlo así como estaba para sacármelo de encima.

Pienso que quien se haya atrevido a leer este artículo hasta el final habrá captado el significado de la carta por el modo pastoso del desarrollo que esta me impuso.