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EL ANILLO en el Tarot Lenormand


Por fin!, después de mi estancamiento la inspiración volvió!

La libertad es esa desgarradora certeza que tenemos de que somos dueños de nuestro destino… nada más ni nada menos.

Claro que podemos jugar un juego peligroso soñando con una libertad absoluta que implique desasimiento…

¿Qué verdad tan terrible esconde la libertad que nos aterra asumirla?

No voy a dar respuesta a preguntas que no corresponden a un bufón.

Solo puedo responder hoy por mi alma desgarrada por lo maravilloso de la vida que me carcome y que toca un punto sagrado que nadie podría lograr traspasar a lo inmutable de la escritura si no tuviera esta extraña condición de personaje de ficción.

Mi libertad en este punto es singular, no existo, como dice facebook, pero sí existo en tanto me comprometo en un nombre y en una palabra.

No soy nada más que un punto álgido ser, casi una molécula, donde se confunde lo que llamamos Dios, hasta tanto no me comprometo. Dejo de ser absoluto para ser puro límite en la medida en que logro entrañar mi ser con algo que me ata al mundo… y comienzo a ser lo que otros ven en mí.

¿Por qué escribir un blog, sin más recompensa que hablarle a otra alma?

¿Qué impulsa a las personas a comunicar algo que está más allá de lo íntimo?

Esa es la carta del anillo, el compromiso.

Mi compromiso es comunicar algo que está mas allá de lo propio, comunicar una ficción.

Que poco trascendente resultan los dolores individuales para hacer de ellos expresión. Que poco trascendente resulta lo más íntimo para llegar al alma de otros. No es sino un punto inasible del alma que trasciende a lo propio y que hace a lo imposible de ser tal, lo que impulsa un hombre con ínfulas de payaso a dignarse a escribir.

Es un profundo compromiso con un destino humano, tan lejos de lo divino, lo que nos hace hombres.

¿Qué es la libertad entonces sino libertad de comprometerse?

Como hacer para que mis lectores entiendan un pensamiento tan propio que surge de un bufón, incapaz de hacer literatura… este es mi intento, espero con ansias que alguien haga el intento por entender.

¿Podemos comprometernos con un destino humano?

…tal vez necesitamos el destino del héroe… ¿es humano el compromiso del héroe?

Canto mis verdades con mi laúd en la cortes, no soy el héroe que deslumbra con hazañas, no me pregunten por qué pero desconfío de ellos. Mi compromiso es con mis trucos y chistes de feria. Mi vida se va en esta apuesta.

Dibujo mi alma con garabatos y siento en esos torpes rasgos la grandeza humana embarrada con niebla y olvido, y juego mi vida escribiendo con tinta indeleble mi destino, apostando toda mi bufónica existencia a todo o nada… y entiendo con las tripas que no hay todo, que no hay nada… hay algo que dibujamos en el corazón de otros…

Jugarse a gastarse la vida en algo.

Tan distinto de lo impuesto por otros, tan distinto del destino aceptado pasivamente, el compromiso del anillo es el compromiso con la propia vida.

¿De que pueden servir estas torpes palabras a quien intente adivinar lo que depara el destino con un mazo de cartas? No es algo que pueda responder, tal vez sirvan…

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EL TRÉBOL en el Tarot Lenormand

Se entiende por “suerte” a la manifestación repetitiva del azar a favor de una persona en forma independiente de la voluntad de la misma y sin razón aparente.

El elemento inexplicable en la reiteración de la buena fortuna es indispensable, ya que si conociéramos el motivo de tal beneficio (esfuerzo personal, magia, favores ajenos, etc) no le llamaríamos de ninguna manera suerte.

Por el sólo hecho de poder nombrarla voy a dar crédito a su existencia pero intentaré reflexionar brevemente a cerca de qué fenómeno la produce.

Una característica importante que orienta mi reflexión es la siguiente: rara vez identificamos personas que se sientan a sí mismas elegidas por la suerte. Siempre a la suerte se la suponemos a los demás.

Es muy claro que si las cosas buenas que nos han sucedido sólo fueran atribuibles a la suerte deberíamos renunciar a la vanagloria de las propias cualidades personales que intervinieron en nuestros éxitos.

Esto hace sumamente sencillo atribuir a la buena fortuna los logros ajenos pero jamás reconocer tal causa a los propios.

Corro el riesgo de ser sumamente categórico en mi desarrollo, tal vez dejo de lado los grises. Pero si buscamos a la suerte creo que sólo la encontramos de este modo, en forma de subestimación ajena.

Mi interés no radica en arrojar a la cara a mis lectores disconformes con mi visión pruebas contundentes para convencerlos de mi verdad. No me ata ninguna forma de exposición académica y mis condescendientes seguidores saben disculpar los excesos que este bufón se permite, mi demostración se basará en un elemento trivial, un personaje de ficción, creo tal vez un poco olvidado, que retorna de mis recuerdos infantiles al escribir estas palabras.

Me resultaba muy divertido en mi niñez un personaje de Disney, amigo odiado del Pato Donald que se llamaba Pánfilo Ganso.

Era en términos generales era un idiota. No tenía una maldad terrible, sino pequeños gestos de egoismo y antipatía, no era inteligente, sino más bien bastante tosco, era engreído, irritante, en general bastante poco querible.

A pesar de todas estas características aparecía en todas las historias cosechando éxitos, dotado de una suerte desmesurada. No tenía dinero, pero si lo necesitaba conseguía una fortuna, no era agradable ni buen tipo, pero siempre quedaba bien parado y como para terminar de indignar a Donald y a los infantiles sujetos que con él nos identificábamos, Daisy siempre miraba con deseo a tan exitoso personaje, pareciendo pasar por alto todos sus detestables defectos.

Lo que nos aliviaba en cada una de las historias era que terminaban “bien”, todo ocurría como se suponía. Al final la bella pata se daba cuenta que a pesar de todo Pánfilo Ganso era un imbécil, que sus éxitos se debían “sólo a la suerte” y que Donald era bueno, íntegro, es cierto que un poco tocado por el fracaso pero digno de su amor.

Tal renuncia de la pata al suertudo personaje nos parecía de lo más natural en la infancia, pero con el tiempo y los años todos hemos visto que esta ley solo se cumple en los cuentos para niños y la única ley que rige en el bufónico mundo adulto es la del embudo (la más linda con el más boludo).

Claro, si no nos consolamos pensando en las pobres cualidades que posee quien es objeto de amor de la “más linda”, corremos serio riesgo de llegar a la conclusión que el “boludo” no es necesariamente quien tan bien acompañado se encuentra.

Me excuso sin culpa en mi profesión de bufón para publicar en el blog tan soez reflexión sobre la subestimación ajena en la que inevitablemente tendemos a caer los seres humanos.

Pretendo que tal introducción sirva para evitar atribuirle un mensaje de suerte a la carta del trébol, o al menos intentar reflexionar a cerca del mecanismo que interviene en la existencia de la misma.

Intentando retomar la seriedad que me caracteriza y dadas mis excusas por tan excesivo desliz intentaré esbozar algo acerca del simbolismo del trébol de cuatro hojas que la figura de la carta representa.

Esta planta, cuando está tocada por tan infrecuente deformidad genética, representa para quien lo encuentra un amuleto de protección contra las desgracias y los demonios.

El trébol evoca éxito, puede ser en un hecho determinado o éxito en la vida en general. También puede hacernos pensar en el éxito como ilusión del consultante.

Las formas en que la buena estrella se presenta involucra las tonalidades antes descriptas. Pero no podemos dejar de lado el costado favorable que puede anunciar el trébol en la tirada.

Por supuesto, no todo lo que es favorable se presenta a primera vista como tal, suele ocurrir que un hecho de lo menos agradable termine generando a largo plazo grandes beneficios.

Puede pensarse también a esta carta como otra de las tantas cartas anunciadoras de cambio que tiene el Tarot Lenormand. El cambio que predice es abrupto, repentino pero siempre con un tono beneficioso, a pesar de que puede no ser evidente en un primer momento.

Aquí finalizo mi intento de darle profundidad a una carta que tan pocos caminos de interpretación me sugiere. Sólo puedo concluir deseando a todos mis lectores ¡muy buena suerte!

El Modo Bufónico de Pensar la Tiradas Lenormand

Bufónica Tirada Aleatoria Lenormand

 

Antes de continuar con el comentario de cada carta del Tarot Lenormand me interesa publicar unas palabras sobre el modo de tirar las cartas para obtener información.

Es imprescindible conocer un dato muy importante sobre las tiradas y la manera de leer las cartas para poder obtener resultados. Quiero ser muy claro en esto, es sólo mi punto de vista, por supuesto.

Lo que es imprescindible entender es que no hay tiradas, no hay fórmulas, no hay reglas ni en la distribución ni en el modo de leer las cartas.

Si desconocemos esto perderemos mucho tiempo buscando recetas para adivinar, con resultados muy pobres.

Cada tarotista tiene que buscar su modo, sin él es imposible recibir algún mensaje, ya que el mensaje no parte de las cartas sino de nuestro interior.

Para escuchar la voz de la intuición existen algunas técnicas, algunos ejercicios, pero poco valor tienen en sí. Sólo son disparadores.

El secreto y el arte del practicante consisten en lograr entender lo que la intuición dice y poder traducirlo a palabras.

Sólo la práctica es el maestro capaz de despertar esta oscura región de nuestro ser, tan inexplorada en nuestra cultura.

Ahora bien, ¿sirven las tiradas prediseñadas?. Puede que sí, de todas formas creo que las más útiles son las que uno se inventa o las ajenas ligeramente modificadas, hechas propias.

Las tiradas son esquemas pensados para averiguar cuestiones sobre un tema particular. Mi amiga blogger, azul tarot, tiene unos diseños que me resultaron sumamente interesantes, ese es uno de los motivos por el que la enlacé a mi blog. Ella escribe sobre el Tarot Rider, que es una versión del Tarot de Marsella, pero son totalmente adaptables al Lenormand.

En fin, las tiradas pueden servir de guía para la lectura, pero de ningún modo son fórmulas inamovibles.

Mi recomendación para quienes se inician es prescindir de ellas. Desde mi punto de vista son más útiles cuando se acumula algo de experiencia y se interioriza el oráculo.

Aconsejo tirar las cartas de cualquier manera, distribuirlas en el espacio de acuerdo al sentimiento de cada uno y dejarse tomar por lo que se ve. El mensaje se irá armando en nuestro interior.

Una de las cosas que intento romper con mi modo de describir cada carta es la idea de que existe un significado estático para cada una o el valor positivo o negativo que se les atribuye.

No podremos encontrar ninguna información válida si nos quedamos con esto a la hora de leer el Tarot.

Es muy común que se atribuya una correspondencia casi literal y fija a la carta  a un significado un tanto arbitrario.

Voy a valerme de un ejemplo: en una tirada en que aparece la dama, la serpiente y el zorro hay quienes se ven muy tentados a leer de forma casi “literal”: “una dama malvada con dudosas intensiones será artífice de una estafa”. Este modo de interpretar el oráculo Lenormad está sumamente extendido y creo que sólo nos puede llevar a esterilizar cualquier posibilidad de adivinación.

Hay quienes incluso llegan a unir dos cartas y darles a esa combinación un simbolismo estático.

Lo que cada carta evoca depende de la intuición en la tirada, jamás de un saber prefijado.

Es por esto que las tiradas sirven, siempre que no hagamos de ellas fórmulas imprescindibles y limitantes.

Considero a la conocida “gran tirada Lenormand” la más perjudicial en este sentido. Pretende contemplar aspectos sumamente estáticos sobre una persona valiéndose de una disposición de las cartas que se parece más a una fórmula aritmética que a un uso oracular.

Propongo a mis lectores un ejercicio: adivinar sin cartas. Es muy sencillo, la idea es relajarse durante unos minutos, dejar la mente en blanco y esperar que surjan imágenes en respuesta a una pregunta que previamente anotamos en un papel.

Estas imágenes comenzarán a despertar sensaciones y serán un disparo para la intuición. Luego de unos minutos de sentir la información que en este estado nos llega, abriremos los ojos y encontraremos en nuestra conciencia gran cantidad de datos que deberemos interpretar.

Recomiendo que la pregunta no sea muy relevante, sin tanta carga afectiva, de esta manera será más fácil realizar el ejercicio.

Es realmente sorprendente como podemos obtener la misma información que obtendríamos utilizando las cartas. Si logramos hacer lecturas de este modo comprenderemos que el mecanismo siempre se desarrolla en nuestro interior, nosotros sólo lo proyectamos en las cartas, las cuales actúan simplemente como facilitadoras.

Trato de evitar una posición de saber y mucho menos de impartir dogmas, cada quien usa los oráculos como se le da la gana y para eso no tengo objeción. Sólo intento desarrollar mi humilde punto de vista.

Es esta la razón por la cual al escribir sobre los significados de las cartas intento lograr un estilo difuso, esperando no coagular esas fantásticas imágenes con mis torpes palabras.

 

Ejercicio Para Focalizar y Desarrollar la Intuición

¿Cómo diferenciar la información intuitiva de expectativas, prejuicios, razonamientos lógicos, etc?

Aquí no contamos con recetas ni fórmulas, sino con ejercicios y práctica.

Lo primero que recomiendo hacer antes de empezar una tirada es “chequear” la información que nos llega a través de las funciones psíquicas (sensación, sentimientos, razón e intuición).

Empecemos por la sensación: Nos relajamos por medio de una respiración un poco más profunda que la habitual y sentimos el cuerpo. Debemos recorrer rápidamente cada parte de nuestro cuerpo y focalizar áreas de tensión. Buscar una buena postura en la que nos sintamos cómodos.

Luego nos focalizamos en las sensaciones que provienen del ambiente, tales como la luz, la temperatura, etc.

Seguimos con los sentimientos: Nos preguntamos que nos hace sentir el consultante. Puede ser afecto, amor, rechazo, odio, admiración, lástima, en fin, lo que sea. No debemos juzgar lo que sentimos, simplemente debemos sentirlo.

A continuación exploramos la información que nos llega por la razón: aquí interviene todo lo que ya sabemos sobre el consultante, si lo conocemos, o lo que deducimos por su discurso, por su manera de hablar, de moverse, etc. O sea, todas las conclusiones más o menos lógicas que vamos extrayendo del encuentro con el consultante.

Por último observamos la información intuitiva. Es sin duda lo más difícil, incluso de explicar, porque nadie nos enseña que esta existe y desde pequeños nos instan a desconfiar de ella en vez de ayudarnos a desarrollarla.

Una vez que recorrimos las primeras tres funciones la información que llega es la intuición. Puede que no encontremos nada por falta de entrenamiento o bien que nos llegue “ruido intuitivo” imposible de descifrar. No importa, estemos seguros que lo que nos llega después de este procedimiento es intuición.

Con un poco de práctica esto puede llevar unos pocos minutos, incluso segundos.

Una vez que logramos identificar la información intuitiva comenzamos a tirar las cartas.

La utilidad de este ejercicio es “chequear” la información previa a la tirada y sentir como esta se modificando por las cartas que aparecen. Cuando aprendamos a diferenciar la intuición y focalizar en ella la atención daremos un paso importante en la lectura práctica de cualquier oráculo.

Este ejercicio es muy simple, pero ayuda mucho a quienes se inician en la adivinación.