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DECLARACIÓN DE EXISTENCIA

¡La tristeza y la cólera han crecido en el bufón hasta hacerle saltar las últimas tuercas del alma!

¡He sido víctima injuriada desde los confines de Internet desde donde parte una ofensa mórbida, arrastrada y terminante que se atreve a cuestionar mi tripera ontología bufónica!

Ha sido dada de baja, ¡VETADA!, ¡DESTRUIDA!, ¡DISUELTA!, ¡DESARTICULADA!, ¡ELIMINADA! mi cuenta de Facebook.

Argumentos… argumentos… argumentos… ¡sí argumentos! se atreven a mandarme a mí, que no existo, se atreven a mandarme argumentos a pesar de decir que no existo.

¡Ud no es una persona real me dijo en un amable comunicado el Señor José Facebook y me canceló sin ninguna consideración por las heridas de mi bufónico corazón la cuenta que tan amablemente me había otorgado!

Este bufón se retiró inmediatamente a su cuarto lleno de animalitos de globo a llorar sin consuelo, no por no poder contar con el uso de una red social, sino porque alguien… alguien cree que no existo…

Quien tan feo comunicado me escribe es un hombre que carece de un órgano ubicado en el ángulo lateral de cornópulo del cerebro intermedio: se llama imaginación.

Para poder ver al bufón y saber que él existe hace falta tener bien desarrollado ese órgano cornopular, por suerte muchísimos seres humanos lo tienen, la prueba está en que algunos de ellos siguen mis escritos en el blog sin dudar jamás de mi bufónica existencia.

Tengo un creador, mi creador no es un dios ni mucho menos, es un hombre corriente que intenta desplegar desde el rincón del alma que nace la creatividad un personaje sin pretenciones elevadas, sin aspiraciones de genialidad, sin intenciones de gloria. Un personaje que le recuerde y que les recuerde a otros que la vida es juego y si el juego se pierde entre las aristas tajantes de la dura realidad el pedacito de Dios que guardamos en nuestro interior se va también.

Lo que no consiento, lo que me entristece hasta la parte de debajo de las uñas de los pies es que por ser creado por un hombre tan igual a cualquier otro y no por un dios no me reconozca el Señor “Feisbuk”. Así como los hombres tienen derecho a la vida, los personajes tenemos derecho a existir, sino lo que nos ocurre es algo muuuuuy parecido a la muerte.

Pero a pesar de este inefable agravio, cada noche, cuando llegue de mi fatigoso trabajo de bufón, alegrando a reyes y reinas, sacando la más seductora sonrisa de una hermosa princesa y dejando una marca en la memoria de los niños de las cortes y mansiones de ricos, cada noche me quitaré mi enormes zapatos, me pondré el bonete de escribir y seguiré con mi payasesco bolg, puliendo con paciencia mi torpeza gramatical, para seguir sintiendo la ENORME satisfacción de entrar en contacto con otros seres humanos que leen mis toscas palabras y tal vez transmitirles una pequeña porción de mi alma.

Para terminar saludo cordialmente a mis lectores y declaro TERMINANTEMENTE, por medio de este documento, mi existencia.

Otra cosa, al Señor José Feisbuk, ¡quiero que sepa que cuando me lo cruce por las pomposas avenidas de la vida, no solo le negaré el saludo, sino que le sacaré mi lengua, le haré pito catalán con las dos manos y le dedicaré la más enojada de mis miradas!

y

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