EL TRÉBOL en el Tarot Lenormand

Se entiende por “suerte” a la manifestación repetitiva del azar a favor de una persona en forma independiente de la voluntad de la misma y sin razón aparente.

El elemento inexplicable en la reiteración de la buena fortuna es indispensable, ya que si conociéramos el motivo de tal beneficio (esfuerzo personal, magia, favores ajenos, etc) no le llamaríamos de ninguna manera suerte.

Por el sólo hecho de poder nombrarla voy a dar crédito a su existencia pero intentaré reflexionar brevemente a cerca de qué fenómeno la produce.

Una característica importante que orienta mi reflexión es la siguiente: rara vez identificamos personas que se sientan a sí mismas elegidas por la suerte. Siempre a la suerte se la suponemos a los demás.

Es muy claro que si las cosas buenas que nos han sucedido sólo fueran atribuibles a la suerte deberíamos renunciar a la vanagloria de las propias cualidades personales que intervinieron en nuestros éxitos.

Esto hace sumamente sencillo atribuir a la buena fortuna los logros ajenos pero jamás reconocer tal causa a los propios.

Corro el riesgo de ser sumamente categórico en mi desarrollo, tal vez dejo de lado los grises. Pero si buscamos a la suerte creo que sólo la encontramos de este modo, en forma de subestimación ajena.

Mi interés no radica en arrojar a la cara a mis lectores disconformes con mi visión pruebas contundentes para convencerlos de mi verdad. No me ata ninguna forma de exposición académica y mis condescendientes seguidores saben disculpar los excesos que este bufón se permite, mi demostración se basará en un elemento trivial, un personaje de ficción, creo tal vez un poco olvidado, que retorna de mis recuerdos infantiles al escribir estas palabras.

Me resultaba muy divertido en mi niñez un personaje de Disney, amigo odiado del Pato Donald que se llamaba Pánfilo Ganso.

Era en términos generales era un idiota. No tenía una maldad terrible, sino pequeños gestos de egoismo y antipatía, no era inteligente, sino más bien bastante tosco, era engreído, irritante, en general bastante poco querible.

A pesar de todas estas características aparecía en todas las historias cosechando éxitos, dotado de una suerte desmesurada. No tenía dinero, pero si lo necesitaba conseguía una fortuna, no era agradable ni buen tipo, pero siempre quedaba bien parado y como para terminar de indignar a Donald y a los infantiles sujetos que con él nos identificábamos, Daisy siempre miraba con deseo a tan exitoso personaje, pareciendo pasar por alto todos sus detestables defectos.

Lo que nos aliviaba en cada una de las historias era que terminaban “bien”, todo ocurría como se suponía. Al final la bella pata se daba cuenta que a pesar de todo Pánfilo Ganso era un imbécil, que sus éxitos se debían “sólo a la suerte” y que Donald era bueno, íntegro, es cierto que un poco tocado por el fracaso pero digno de su amor.

Tal renuncia de la pata al suertudo personaje nos parecía de lo más natural en la infancia, pero con el tiempo y los años todos hemos visto que esta ley solo se cumple en los cuentos para niños y la única ley que rige en el bufónico mundo adulto es la del embudo (la más linda con el más boludo).

Claro, si no nos consolamos pensando en las pobres cualidades que posee quien es objeto de amor de la “más linda”, corremos serio riesgo de llegar a la conclusión que el “boludo” no es necesariamente quien tan bien acompañado se encuentra.

Me excuso sin culpa en mi profesión de bufón para publicar en el blog tan soez reflexión sobre la subestimación ajena en la que inevitablemente tendemos a caer los seres humanos.

Pretendo que tal introducción sirva para evitar atribuirle un mensaje de suerte a la carta del trébol, o al menos intentar reflexionar a cerca del mecanismo que interviene en la existencia de la misma.

Intentando retomar la seriedad que me caracteriza y dadas mis excusas por tan excesivo desliz intentaré esbozar algo acerca del simbolismo del trébol de cuatro hojas que la figura de la carta representa.

Esta planta, cuando está tocada por tan infrecuente deformidad genética, representa para quien lo encuentra un amuleto de protección contra las desgracias y los demonios.

El trébol evoca éxito, puede ser en un hecho determinado o éxito en la vida en general. También puede hacernos pensar en el éxito como ilusión del consultante.

Las formas en que la buena estrella se presenta involucra las tonalidades antes descriptas. Pero no podemos dejar de lado el costado favorable que puede anunciar el trébol en la tirada.

Por supuesto, no todo lo que es favorable se presenta a primera vista como tal, suele ocurrir que un hecho de lo menos agradable termine generando a largo plazo grandes beneficios.

Puede pensarse también a esta carta como otra de las tantas cartas anunciadoras de cambio que tiene el Tarot Lenormand. El cambio que predice es abrupto, repentino pero siempre con un tono beneficioso, a pesar de que puede no ser evidente en un primer momento.

Aquí finalizo mi intento de darle profundidad a una carta que tan pocos caminos de interpretación me sugiere. Sólo puedo concluir deseando a todos mis lectores ¡muy buena suerte!

LAS NUBES en el Tarot Lenormand

Terminé inevitablemente por concluir que la carta de las nubes tiene que ver con la confusión después de intentar durante varios días darle forma a un artículo sin ningún éxito, perdido entre frases mediocres (más mediocres aún que las que este bufón ha sido capaz de publicar).

Después de desechar todo lo escrito, sin siquiera pasar por la papelera de reciclaje, comprendí mi estancamiento al distinguir un error bastante tonto, pero que tiene mucho que ver con la forma en que pensamos en nuestra cultura.

Comentar el proceso de escritura de esta carta me parece pertinente porque cada vez me doy cuenta más cabalmente que este trabajo tiene que ver con un camino de exploración personal marcado por las cartas que se me van presentando.

Escribir para otros es una excusa para ordenar mis ideas, no es mi posición la de “enseñar” a usar el oráculo (no veo cómo podría hacerlo), no intento ocupar un lugar de saber, sino de usar un medio de comunicación como forma de expresión, la cual es siempre un trabajo sobre uno mismo.

Mi error con las nubes fue intentar dividir, basándome en las interpretaciones que la carta me ha sugerido en muchas tiradas, las situaciones de confusión en internas y externas.

Por externas se me ocurría la desorientación en un grupo humano, como la familia, el trabajo, los amigos, etc. En fin, cualquier situación en la que los roles se confunden y no hay posibilidad de avance. Esos momentos en los que uno no recibe un lugar, una función o una posición clara y todo se torna estancamiento y angustia.

Por otro lado pensaba en la confusión interna, cuando no sabemos lo que queremos o a donde apuntar para seguir adelante y no hay claridad para tomar decisiones.

Me daba cuenta de lo absurdo de la separación, pero esas situaciones se me tornaban tan patentes que no veía cómo resolverlo.

Me acordé de una frase hermética muy conocida: “Como es adentro es afuera”.

Suele pasar que la primera lectura de esta frase sugiere algo así como que lo interno influye al entorno y viceversa y en ese sentido intentaba trabajar las situaciones de confusión.

Pero la frase apunta a algo muy simple pero más radical y más difícil de pensar.

Como ES adentro ES afuera, es decir, no hay adentro ni afuera, o bien adentro y afuera ES LO MISMO.

La confusión es interna se manifiesta afuera, no hay algo sobrenatural , adentro y afuera es lo mismo.

Mantenemos la ilusión de separación porque lo que en realidad mantenemos es al YO como algo distinto del exterior.

Modificar algo del yo puede ser tan difícil como modificar algo del entorno, porque se trata de lo mismo.

Llevando estas ideas a sus últimas consecuencias, si buscamos lo estrictamente propio encontramos puro vacío.

No se trata de un vacío estéril, sino de un vacío deseante, una nada que intenta llenarse e insaciablemente nos mueve por la vida.

Mantener la separación nos demanda enormes esfuerzos. Lo que se intenta es defender al yo, mantenerlo como algo diferente, individualizable.

De esto se tratan los “mecanismos de defensa” Freudianos.

El yo, para mantenerse estructurado, tiene deshacerse de su deseo inconciente, es decir, reprimirlo, proyectarlo a otros, disimularlo en un síntoma en el cuerpo, etc.

No soy psicoanalista, soy bufón, pero la explicación freudiana viene al caso.

Otro autor, mucho más interesante que Freud voy a citar para hacer gráfico mi desarrollo, a riesgo de hacer de este artículo algo muy culturoso o intelectualoso.

“Yo no tengo una personalidad; yo soy un cocktail, un conglomerado, una manifestación de personalidades.

 
En mí, la personalidad es una especie de furunculosis anímica en estado crónico de erupción; no pasa media hora sin que me nazca una nueva personalidad.


Desde que estoy conmigo mismo, es tal la aglomeración de las que me rodean, que mi casa parece el consultorio de una quiromántica de moda. Hay personalidades en todas partes: en el vestíbulo, en el corredor, en la cocina, hasta en el W. C.


¡Imposible lograr un momento de tregua, de descanso! ¡Imposible saber cuál es la verdadera!

 

Aunque me veo forzado a convivir en la promiscuidad más absoluta con todas ellas, no me convenzo de que me pertenezcan.


¿Qué clase de contacto pueden tener conmigo —me pregunto— todas estas personalidades inconfesables, que harían ruborizar a un carnicero? ¿Habré de permitir que se me identifique, por ejemplo, con este pederasta marchito que no tuvo ni el coraje de realizarse, o con este cretinoide cuya sonrisa es capaz de congelar una locomotora?


El hecho de que se hospeden en mi cuerpo es suficiente, sin embargo, para enfermarse de indignación. Ya que no puedo ignorar su existencia, quisiera obligarlas a que se oculten en los repliegues más profundos de mi cerebro. Pero son de una petulancia… de un egoísmo… de una falta de tacto…


Hasta las personalidades más insignificantes se dan unos aires de trasatlántico. Todas, sin ninguna clase de excepción, se consideran con derecho a manifestar un desprecio olímpico por las otras, y naturalmente, hay peleas, conflictos de toda especie, discusiones que no terminan nunca. En vez de contemporizar, ya que tienen que vivir juntas, ¡pues no señor!, cada una pretende imponer su voluntad, sin tomar en cuenta las opiniones y los gustos de las demás. Si alguna tiene una ocurrencia, que me hace reír a carcajadas, en el acto sale cualquier otra, proponiéndome un paseíto al cementerio. Ni bien aquélla desea que me acueste con todas las mujeres de la ciudad, ésta se empeña en demostrarme las ventajas de la abstinencia, y mientras una abusa de la noche y no me deja dormir hasta la madrugada, la otra me despierta con el amanecer y exige que me levante junto con las gallinas.


Mi vida resulta así una preñez de posibilidades que no se realizan nunca, una explosión de fuerzas encontradas que se entrechocan y se destruyen mutuamente. El hecho de tomar la menor determinación me cuesta un tal cúmulo de dificultades, antes de cometer el acto más insignificante necesito poner tantas personalidades de acuerdo, que prefiero renunciar a cualquier cosa y esperar que se extenúen discutiendo lo que han de hacer con mi persona, para tener, al menos, la satisfacción de mandarlas a todas juntas a la mierda.”

Oliverio Giriondo, un poeta argentino, ayuda con su arte a este bufón a compensar su pobre estilo literario.

Termino con la idea de que tal vez mandando “a todas ellas a la mierda” podamos hacer florecer un genuino vacío interior en su paradójica existencia y lograr dar algunos pasos en la confusa ensalada de la vida.

Y si de confusiones se trata, pretender que el artículo se distinga por su claridad no forma parte de una aspiración lógica, pero es posible que de esta manera algo de las nubes pueda transmitir a mis amables lectores, tan importantes para que este bufón explore las enigmáticas cartas.

Introspección

A medida que avanzo en el comentario de las cartas me doy cuenta que mi estilo de escritura va cambiando.

Creo que empecé siendo mucho más descriptivo con las imágenes de las primeras cartas pero a medida que avanzo, mis trabajos tienen que ver más con el aspecto introspectivo de las imágenes.

Me doy cuenta que cada vez me meto más en cada carta, quedo tomado por la representación y ésta se empieza a manifestar, primero en el artículo, en la sensación que tengo al escribirlo y después se extiende a mi vida cotidiana.

Me da la impresión de que cuando escribo sobre una imagen quedo de alguna manera influenciado por esa carta y me arrastra por sus representaciones.

Es todo bastante sutil, no manden al bufón al psiquiatra, no se me aparece el zorro y me cuenta que hizo el otro día.

En este momento estoy ordenando las notas que he tomado sobre las nubes, estoy trabajando en el artículo (me dejo llamar por cada carta, así elijo sobre cual trabajo). Lo cierto es que se me hace muy difícil escribirlo. Termino dos o tres párrafos, no me gustan, los borro, empiezo de nuevo, encaro el tema desde un ángulo, me parece muy enredado, empiezo de nuevo. Divido las situaciones de confusión entre las internas y las del ambiente humano que nos rodea y me encuentro más confundido todavía.

Entre medio se desata una pequeña tormenta en mi trabajo, quedo tomado ahí, intento volver a la carta y la tormenta y la confusión continúan. ¡Todavía no naufragué!, manejo la situación, es más, me dejo tomar porque considero este trabajo de escritura como un camino personal que no se reduce al blog. Se trata de seguir el camino que propone el oráculo.

En mi trayecto se cruzó la carta del árbol por un mensaje de una amiga, me dejé tomar por esta carta también, que por algo apareció en el horizonte, aunque las nueves hacen llover sobre el árbol y me dificultan el avance.

Esto que cuento sobre las nubes me pasó con cada una de las cartas sobre las que escribí, en algunas fue más claro, en otras recién ahora lo veo.

El artículo sobre la Cruz fue para mí el más difícil, lo publiqué sin demasiada edición porque me lo quería sacar de encima por el peso que me transmitía.

La forma en que pienso cada carta muta totalmente después de un artículo, si bien conserva mucho de mi idea previa cuando termino de escribir encuentro a la representación totalmente transformada y con ella algo de mi mismo se transforma también.

Escribo estas líneas entre medio de la sorpresa y la confusión al ver el efecto que tuvo sobre mi mismo trabajar en profundidad sobre un oráculo. La decisión de publicar esto en el blog tiene que ver con mi idea de que compartir con otros las experiencias ayuda a elaborarlas.

Por otro lado este fenómeno me resulta tan sorprendente que tengo profunda necesidad de compartirlo.

Bubónicos saludos!

EL LIRIO en el Tarot Lenormand

Lirio Blanco

A medida que esta flor se acerca a la hora de marchitar y morir aumenta su perfume.

Simboliza la madurez, la madurez armónica, donde las etapas de la vida se reciben para desplegarlas con creatividad.

El lirio nos dice que “no todo es color de rosas” pero nos muestra como podemos perfumar nuestros dolores.

Nos enseña que en el camino de todo ser humano la felicidad siempre porta su costado de amargura y que a pesar de que vida y dolor son inseparables podemos siempre destilar un perfume agradable.

El sentido de la vida es enigmático, pero hasta tanto nadie diga lo contrario esta para disfrutarla y para destilar, al modo del lirio un buen perfume destinado a quienes nos rodean. La pregunta que plantea la carta del lirio es si somos capaces de lograrlo a pesar de las vueltas complicadas que se nos presentan.

Entender que no hay cartas “positivas” y cartas “negativas” tiene que ver con el lirio y con el modo en que pensamos la vida. Si buscamos estas dualidades en un oráculo es muy posible que las busquemos también en nosotros mismos y en los demás. El único resultado es que a falta de situaciones “puras” el dolor tiña nuestra búsqueda.

Cualquier arte mántica debe servir como camino de sabiduría, mala señal si buscamos saber si el destino nos depara lo bueno o lo malo.

Al viejo modo oriental, el dolor existe sólo porque buscamos la felicidad. Si nos alejamos de los dualismos categóricos podremos aceptar los grises de la vida.

No se trata de portar una apática indiferencia, sino de poder soportar la porción de dolor que acompaña a la dicha.

La flor del lirio simboliza la amistad, la pureza y la abundancia, pero con la advertencia de que el más puro blanco en el ámbito humano tiene siempre sus manchas. La forma de disfrutar de estos dones de la vida exige tolerar esas manchas con creatividad.

El modo de superar el sufrimiento no es evitarlo, sino atravesarlo con entereza.

El lirio es flor que crece entre los yuyos, como la flor de loto crece en el barro. El blanco del lirio blanco es blanco que crece entre los yuyos, blanco con manchas, como la vida cuando madura. El perfume del lirio aumenta cuando madura, como la vida cuando madura…

Razón y Adivinación

Resulta extremadamente sencillo conformar dogmas en cualquier terreno del saber. Allí donde el equívoco aparece, donde la paradoja se presenta, opera una propensión, casi una compulsión propia de la condición humana a negar el límite al conocimiento esgrimiendo una verdad que se pretende incuestionable.

De más está decir que en los terrenos de la adivinación es extremadamente poco lo que sabemos. Pensémoslo un minuto, se trata todo el tiempo del saber (para qué tiramos las cartas sino), se trata todo el tiempo de saber algo que no podemos saber, accedemos a información por vías de lo más extrañas y de ninguna manera podemos decir una palabra del mecanismo que allí interviene.

Mucha gente intentó pensar este mecanismo, Jung es el más citado. La sincronicidad es el recurso explicativo más usado para dar cuenta del modo en que actúa un sistema adivinatorio.

Lo cierto es que de ningún modo podemos salir del campo de la fe cuando construimos las pobres explicaciones pretendidamente racionales que sustentan las artes mánticas.

Aquí es donde el peligro del dogma se oculta y opera.

No hay problema con el dogma, siempre que este se reconozca como tal, entonces uno lo toma o lo deja. El peligro se hace presente cuando el dogma se confunde con la verdad. Ahí quedamos tan desarmados, tan indefensos aceptando sin más el postulado, dejando a parte todo cuestionamiento.

La sincronicidad es un flamante ejemplo de falacia de autoridad en el campo de la adivinación. Su autor, sin duda sumamente capacitado y muy buen escritor, desarrolla su teoría en el campo de la psicología. Era un discípulo de Sigmund Freud, que se desvió del psicoanálisis.

Creo que por dar crédito a la adivinación desde otro campo del conocimiento humano, prentendidamente más objetivo y científico, se lo toma como referencia, como autoridad que avala una práctica tan cuestionada en nuestra época.

Desde mi punto de vista pocas teorías tan absurdas como la junguiana han tenido tanto éxito.

¿Podemos pensar que el universo se toma el trabajo de “elegir” las cartas por un sistema de conexiones desconocidas, invisibles e impensables, para que nosotros, adivinos entrenados veamos en los símbolos si la mujer del vecino lo engaña con el carnicero?

¿Podemos pensar seriamente en una teoría tan cargada de narcisismo y tan poco sustentada en una explicación racional?

Lo que no puede explicarse es preferible dejarlo sin explicación.

Claro que podemos construir un bello dogma para tranquilizar el alma. Pero lo que encuentro difícil de aceptar es que éste se confunda con teoría y a su vez la teoría se confunda con la verdad.

Lo que propongo es que si hemos tomado contacto con los insondables misterios de lo oculto, tratar de explicarlos carece de sentido puesto que malgastaremos tiempo inútilmente en vergonzosas teorías insustentables.

¿Tan difícil es dejarse tomar por el misterio?

Es entendible que en un momento histórico donde la razón predomina sobre el mito creamos necesaria la argumentación lógica de lo que ponemos en práctica.

Pensemos si alguna cultura antigua justifica sus rituales, su mística, sus misterios con una explicación racional.

¿Que pasaría si a un chamán indio, perdido en algún lugar de la cordillera, repleto de conocimientos ancestrales transmitidos por generaciones, le pidiéramos una explicación del funcionamiento de su magia?

Seguramente nos la daría sin ningún problema. Nos contaría un bello cuento, un mito.

El mito encierra una verdad totalmente distinta a la que pretende alcanzar la razón. Es una historia que nos toca algo íntimo por medio de la ficción. Pero nunca, en ningún caso, el mito intenta violentar el misterio.

Dejarse sorprender por aquello que no podemos explicar es un modo de sentir el infinito en el cuerpo y en el alma. Pienso que de este modo, mucho más cercano al artista que al científico, el tarotista puede sacarse de los hombros la pesada mochila racional.

El Modo Bufónico de Pensar la Tiradas Lenormand

Bufónica Tirada Aleatoria Lenormand

 

Antes de continuar con el comentario de cada carta del Tarot Lenormand me interesa publicar unas palabras sobre el modo de tirar las cartas para obtener información.

Es imprescindible conocer un dato muy importante sobre las tiradas y la manera de leer las cartas para poder obtener resultados. Quiero ser muy claro en esto, es sólo mi punto de vista, por supuesto.

Lo que es imprescindible entender es que no hay tiradas, no hay fórmulas, no hay reglas ni en la distribución ni en el modo de leer las cartas.

Si desconocemos esto perderemos mucho tiempo buscando recetas para adivinar, con resultados muy pobres.

Cada tarotista tiene que buscar su modo, sin él es imposible recibir algún mensaje, ya que el mensaje no parte de las cartas sino de nuestro interior.

Para escuchar la voz de la intuición existen algunas técnicas, algunos ejercicios, pero poco valor tienen en sí. Sólo son disparadores.

El secreto y el arte del practicante consisten en lograr entender lo que la intuición dice y poder traducirlo a palabras.

Sólo la práctica es el maestro capaz de despertar esta oscura región de nuestro ser, tan inexplorada en nuestra cultura.

Ahora bien, ¿sirven las tiradas prediseñadas?. Puede que sí, de todas formas creo que las más útiles son las que uno se inventa o las ajenas ligeramente modificadas, hechas propias.

Las tiradas son esquemas pensados para averiguar cuestiones sobre un tema particular. Mi amiga blogger, azul tarot, tiene unos diseños que me resultaron sumamente interesantes, ese es uno de los motivos por el que la enlacé a mi blog. Ella escribe sobre el Tarot Rider, que es una versión del Tarot de Marsella, pero son totalmente adaptables al Lenormand.

En fin, las tiradas pueden servir de guía para la lectura, pero de ningún modo son fórmulas inamovibles.

Mi recomendación para quienes se inician es prescindir de ellas. Desde mi punto de vista son más útiles cuando se acumula algo de experiencia y se interioriza el oráculo.

Aconsejo tirar las cartas de cualquier manera, distribuirlas en el espacio de acuerdo al sentimiento de cada uno y dejarse tomar por lo que se ve. El mensaje se irá armando en nuestro interior.

Una de las cosas que intento romper con mi modo de describir cada carta es la idea de que existe un significado estático para cada una o el valor positivo o negativo que se les atribuye.

No podremos encontrar ninguna información válida si nos quedamos con esto a la hora de leer el Tarot.

Es muy común que se atribuya una correspondencia casi literal y fija a la carta  a un significado un tanto arbitrario.

Voy a valerme de un ejemplo: en una tirada en que aparece la dama, la serpiente y el zorro hay quienes se ven muy tentados a leer de forma casi “literal”: “una dama malvada con dudosas intensiones será artífice de una estafa”. Este modo de interpretar el oráculo Lenormad está sumamente extendido y creo que sólo nos puede llevar a esterilizar cualquier posibilidad de adivinación.

Hay quienes incluso llegan a unir dos cartas y darles a esa combinación un simbolismo estático.

Lo que cada carta evoca depende de la intuición en la tirada, jamás de un saber prefijado.

Es por esto que las tiradas sirven, siempre que no hagamos de ellas fórmulas imprescindibles y limitantes.

Considero a la conocida “gran tirada Lenormand” la más perjudicial en este sentido. Pretende contemplar aspectos sumamente estáticos sobre una persona valiéndose de una disposición de las cartas que se parece más a una fórmula aritmética que a un uso oracular.

Propongo a mis lectores un ejercicio: adivinar sin cartas. Es muy sencillo, la idea es relajarse durante unos minutos, dejar la mente en blanco y esperar que surjan imágenes en respuesta a una pregunta que previamente anotamos en un papel.

Estas imágenes comenzarán a despertar sensaciones y serán un disparo para la intuición. Luego de unos minutos de sentir la información que en este estado nos llega, abriremos los ojos y encontraremos en nuestra conciencia gran cantidad de datos que deberemos interpretar.

Recomiendo que la pregunta no sea muy relevante, sin tanta carga afectiva, de esta manera será más fácil realizar el ejercicio.

Es realmente sorprendente como podemos obtener la misma información que obtendríamos utilizando las cartas. Si logramos hacer lecturas de este modo comprenderemos que el mecanismo siempre se desarrolla en nuestro interior, nosotros sólo lo proyectamos en las cartas, las cuales actúan simplemente como facilitadoras.

Trato de evitar una posición de saber y mucho menos de impartir dogmas, cada quien usa los oráculos como se le da la gana y para eso no tengo objeción. Sólo intento desarrollar mi humilde punto de vista.

Es esta la razón por la cual al escribir sobre los significados de las cartas intento lograr un estilo difuso, esperando no coagular esas fantásticas imágenes con mis torpes palabras.

 

EL LIBRO en el Tarot Lenormand

Sólo porque estamos acostumbrados, “estas cosas” que son los libros no nos causan sorpresa.

Extraño artefacto con innumerables hojas pegadas, lleno de palabras que llevarían horas o días decirse…

Nunca compraríamos un libro si no estuviéramos totalmente convencidos que dentro de él hallaremos un precioso secreto.

Hasta la novela más simple intenta persuadirnos que entre sus páginas encontraremos una extraña mezcla de sensaciones y saber que harán que algo dentro de nosotros cambie para siempre. ¿Si no fuera así quien se tomaría el trabajo de leer un libro?

Todos recordamos una obra especial que nos cambio la forma de ver el mundo. Esa historia, ese escritor, ese pensador que modificó algo íntimo en nuestro ser.

Algo de esto evoca la carta del libro. Un secreto por rebelarse, algo que falta saber.

En la carta el libro se presenta cerrado y esperando ser leído, es un conocimiento que se ofrece cuando quien consulta sea capaz de tomarlo, de enfrentarlo.

El secreto está al alcance del consultante, sólo que las cosas más simples, las que de verdad importan, son muchas veces más difíciles de entender que las grandes construcciones intelectuales, incluso suelen ser obstaculizadas por estas.

Esta carta representa un conocimiento trascendente para la persona que consulta. Algo que se revela o algo que falta revelarse, algo que falta entender.

Pasar del saber al conocimiento y del conocimiento a la verdad es un camino posible, pero no debemos olvidar que hay verdades que se imponen sin estos pasos previos y no se trata verdades comunicables. La verdad última no puede decirse o bien puede decirse Dios. Hay un punto insondable que sólo podemos sentirlo en su inmutabilidad perdida, vedada para ojos humanos como la zarza ardiente.

Eso que se nos revela como inabarcable, infinito, irrepresentable, opera en nuestra realidad cotidiana como lo que no puede incluirse y desde afuera instaura sus efectos en lo más íntimo.

El libro representa lo que podemos y no podemos conocer. Es por esto mismo un recordatorio de lo limitado de la condición humana, un llamado a la humildad.

Solemos esgrimir verdades en las que nos sostenemos y sin darnos cuenta estas toman el control de nuestra vida. Juzgamos a otros y a nosotros mismos desde nuestras pequeñas verdades y somos capaces de las más duras condenas con tal de mantenerlas vigentes.

De la misma manera todos pasamos por situaciones-libro en las que, muchas veces con dolor, debemos reconocer la pequeñez de nuestro saber y replegarnos con humildad a la enormidad del universo. Cada uno de estos momentos-libro son oportunidades para crecer.

LA NIÑA en el Tarot Lenormand

La carta de la niña es una representación que no se puede abarcar con palabras, cada vez que aparece en la tirada me genera un proceso mental difícil de describir, a continuación, si mi capacidad me lo permite voy a intentar transmitirlo.

Antes de avanzar voy a reiterar que no creo conveniente encerrar una carta en un significado estático. Inocencia, inmadurez, carta positiva, etc están bien, pero el oráculo exige más que eso, es como si a una obra de arte intentamos violentarla con un “significado”.

No hay significados en las cartas, hay cartas, con una presencia real que evocan, nada más, el resto corre por cuenta de la creatividad del tarotista.

La figura que me ocupa en este articulo entraña significados profundos, que no hacen referencia a una niña en sí sino a un aspecto concreto del ser humano. No podemos obviar en un estudio mas o menos serio (no tan serio, soy bufón) lo enigmático de la imagen.

La niña no puede dejar indiferente a ningún tarotista que utilice el sistema Lenormand. Encierra un misterio a desentrañar, implica todo un trabajo de lectura desarrollar su simbolismo.

Antes de seguir leyendo, señor/señora lector/lectora haga una pausa, deje de atender a estas palabras y observe la figura en su mazo. Nadie puede quedarse indiferente ante la fuerza de esa imagen. La pregunta es por qué genera ese efecto.

Se nos muestra la niñez en género femenino.

¿Por qué se representa a la mujer niña? La feminidad es un misterio profundo, tanto para el hombre como para la mujer. Todo aquello que está más allá de las palabras involucra a lo femenino y le da su forma. La intuición, según el saber popular, elige a las mujeres para su expresión. La sexualidad en la mujer es un enigma del que ni siquiera ellas pueden dar cuenta, sólo sentirlo.

La mujer goza como niña, más allá de lo decible, abarca al espíritu en el goce carnal, muy distinto de los hombres, que encuentran en la posesión, en el órgano o en el hecho de realizar el acto un placer puntual y definible.

La mujer es misterio oculto detrás de una fragilidad que hace de máscara. La seducción es femenina, el amor se inclina hacia lo femenino.

Esta carta es la inocencia, no la de una niña, lo cual sería muy limitado. Sino lo que representa una niña en lo íntimo de la constitución de un adulto. Ese elemento niña que en nuestra personalidad expresa amar, desear, buscar lo nuevo con la inocencia poderosa, reveladora y sabia de la mujer niña.

Me dejé tomar por la carta, no sé si la claridad forma parte de este artículo, pero pretendo evocar más allá de las palabras y de los significados estáticos. Mi estilo un poco indeterminado, que sabrán disculpar mis indulgentes lectores, intenta trascender el “catálogo” de significados y los decálogos de teoría, tan inútiles desde mi punto de vista en un sistema de adivinación.

Las ciencias racionales exigen un conocimiento teórico de la materia en cuestión, el oráculo involucra un saber diferente, más cercano al del artista, del creador o del sabio. Tan difícil de aprehender, tan inasible. No me pretendo sabio ni mucho menos, pero es al menos el camino que un oráculo marca. Es por eso que todas las prácticas mágicas requieren el manejo mántico.

Con mi modo bufónico de explorar las cartas no pretendo esgrimir verdades sino un modo de abordar cada figura que dispare la imaginación del tarotista, es la imaginación más que el saber el camino que libera a la intuición.

La carta de la niña marca ese rumbo de sabiduría que parte de la inocencia, no de la acumulación de saber que sólo estanca. Enseña a recibir lo que se siente, la capacidad de alojar una verdad que se impone en contra de lo que nos marcan nuestros conocimientos previos.

Los verdaderos actos, los genuinos no parten del saber, se imponen desde el íntimo deseo transformador que surge en alguna parte de nuestro ser. El acto que nos hace estar vivos tiene que ver con la niña, con esa fragilidad interior, receptiva y creativa que todos portamos.

Una vez más me sorprendo con tan enredado artículo y más aún con mi decisión de publicarlo de todas maneras. Pienso que es posible que este desorden marque una dirección de lectura más productiva que una exposición “clara y distinta”.

Creo que con sólo comprender lo que la carta de la niña representa avanzaremos más en la lectura oracular que con mil páginas escritas.

LA CASA en el Tarot Lenormand

casa en el tarot lenormand

La casa condensa elementos muy fuertes disimulados en una carta que se presenta a primera vista simple y agradable.

Hace referencia al origen, al punto de partida, al punto de referencia y al punto de llegada.

Todos portamos estos elementos de forma más o menos clara y tienen su lugar en cada situación y cada acto de nuestra vida.

Intervienen permanentemente, de forma conciente y a veces más o menos inconciente estructurando fantasías que imponen rumbos y elecciones.

La carta de la casa condensa lo íntimo, lo que se esconde detrás de una bella fachada.

Es de tal complejidad la interpretación que refuta a las claras la falsa simplicidad asignada gratuitamente al Tarot Lenormand.

Esta carta toca fibras de lo íntimo que se hunden en las profundidades de la subjetividad, hacerla intervenir en la interpretación exige como mínimo cierto trabajo de reflexión e imaginación.

¿Qué valor tienen los muros protectores de un hogar en la tirada, en la pregunta particular del consultante?

Aconsejo valerse de esta pregunta o una similar cuando se la encuentre en una lectura, partiendo de aquí se pueden abrir enormemente las posibilidades de interpretación.

No creo recomendable quedarse en lo habitual: seguridad, familiaridad, estabilidad, durabilidad, etc. Estos son significados coagulados, no quiero decir que estén mal ni mucho menos (dependerá de lo que a cada uno lo evoque), pero creo que estancan las enormes posibilidades aclaratorias que brinda esta carta.

Es fascinante pensar cuantos secretos esconde una casa.

Imaginemos que somos visitantes, invitados. Vemos la construcción desde afuera y nos transmite sensaciones. Al entrar encontramos las pistas, los rastros que dejan impresos en el interior cada uno de sus habitantes. El lugar tiene características singulares, no existen dos casas que se parezcan en su interior. Hay colores, olores, ruidos que le dan un tinte único. Nuestros anfitriones nos guían, nos ofrecen un sitio para ponernos cómodos en un lugar reservado para las visitas. Desde allí podemos ver zonas de la casa en las que los que vienen de afuera no suelen entrar, alguna puerta, una escalera que no sabemos a donde conduce, como si fueran sectores prohibidos o reservados a personas de mucha confianza.

Quienes habitan esa casa tienen un modo de recibirnos, una forma de interactuar entre sí, tienen una historia en común, podemos acceder a parte de ella pero otra permanece en secreto, solo sus habitantes la conocen.

Cuando nuestra visita termina la casa adquiere otro funcionamiento, todo comporta otra dinámica, más íntima, más oculta a la mirada exterior. Se mezclan el amor, el odio, las peleas y los afectos. Aparecen cosas extrañas a quienes no viven allí.

El misterio habita todas las casas, la propia, las ajenas.

Todos contamos con un lugar que consideramos propio, de hecho o de derecho, pero propio al fin. Ese sitio nuestro que aloja lo íntimo, del cual partimos y al cual volvemos.

La figura en todas las ediciones Lenormand muestra una casa idealizada, más cercana a una fantasía infantil, a un vestigio de la niñez que sigue operando. Nos remite a infancia del consultante, pero también a la nuestra, nunca es fácil de separar pero es absolutamente necesario para no mezclar lo propio en la tirada.

Este artículo es un intento de generar múltiples interpretaciones en lugar de cerrarse a unas pocas. Será un desafío para cada uno que utilice este oráculo dar el justo valor a esta figura que exige siempre un trabajo introspectivo para separar lo propio. Se hace imprescindible un buen diálogo con el consultante para ir situar a la casa en la interpretación adecuada.

Espero ansiosamente recibir comentarios sobre esta carta, conocer que les evoca a otros para así poder profundizar en una imagen tan compleja y fascinante.

El Oráculo y el Destino

¿Podemos predecir el futuro?, ¿Son inmutables nuestras predicciones?

Destino - Neil Gaiman

Representación de Destino extraído de The Sandman - Autor: Neil Gaiman

 

Cloto, Láquesis y Átropos, hijas de la noche, entes sin padre, implacables ejecutoras del destino, funcionan más allá de la voluntad de los dioses, incluso de su propia voluntad, tejiendo la realidad escrita en el libro sin tiempo…

Los incomprensibles designios eternamente sellados mueven a los seres del universo como títeres insignificantes de una historia infinita.

El oráculo, punto de contacto entre los hombres y el distante destino transmite los designios inapelables a impotentes oyentes marcando para siempre su camino con fatal desenlace.

He aquí el destino antiguo.

La historia avanza por los laberintos de la cultura generando posibles respuestas al desesperado intento del hombre por modificar lo que la suerte le depara.

Es con el cristianismo que se consolida la concepción del libre albedrío e impone este paradójico dogma que contrapone el saber absoluto de Dios a la libertad humana y los hace coexistir sin contradicción aduciendo al misterio.

Esta idea de libertad nos marca hasta la actualidad, a pesar de lo mucho que nos tienta renunciar a ella. El motivo es el siguiente, siendo libre de dirigir mis actos soy responsable de sus consecuencias.

Predecir el futuro exige tener una concepción clara del destino, aunque en  última instancia esta se base necesariamente en una creencia y no en la razón.

La solución moderna a este problema, si bien no está determinada por un pensamiento homogéneo y funciona de manera más bien implícita es que somos libres de diagramar nuestro propio rumbo. Esto no nos exime de la responsabilidad que tenemos de tomarnos un tiempo para reflexionar.

Si pensamos en el destino como inmutable nuestras lecturas oraculares serán aproximaciones a lo que irremediablemente habrá de suceder y el títere-consultante tendrá que aceptar resignado que nada puede hacer para modificar la predicción.

La exactitud de la misma dependerá de la habilidad y práctica del tarotista para leer subrepticiamente en el libro eterno del destino.

Descarto radicalmente esta concepción y como carezco de fundamentos (antes dije que sólo cuenta la creencia en este punto) me voy a limitar a indicar los motivos de mi inclinación.

Somos responsables de ser quienes somos, de lo que nos toca y de lo advendrá.

Las circunstancias de la vida, nuestra historia y nuestro camino no están marcados por lo estático sino que se mueven con las olas de lo indeterminado.

Perdidos en la niebla, somos ciegos sin experiencia que tocamos formas que nos guían hacia zonas marcadas por nuestra elección.

En todo momento interpretamos masas informes de realidad y les otorgamos sentido y consistencia, somos creadores. Creamos nuestro presente, nuestro futuro y también nuestro pasado.

El pasado se modifica permanentemente con nuevas interpretaciones. La manera en que nos contamos nuestra propia historia fabrica el pasado sin sellarlo nunca.

¿Qué valor tiene entonces una lectura oracular del futuro?, creo que muy poca para predecir, mucha para mostrar un rumbo posible, que se perfila de acuerdo a la situación y a las creencias actuales. Una triste tendencia lejana a la verdad absoluta encontramos en el decir de las cartas.

Sepamos transmitir a quien nos consultan que el inalcanzable destino es una altiva ficción que lejos de su inmutable realidad nos marca con su inexistencia el punto donde comienza nuestra libertad.

Me permito un bufónico estilo solemne para desvariar sobre semejante tema.

Aprovecho para agradecer a mis incautos seguidores, que veo cada vez son más quienes se aventuran en leer las pobres reflexiones de este payazo oracular que intenta entretener con inhábiles malabarismos de palabras.