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Significado de la carta de LA NIÑA

LA NIÑA en el Tarot Lenormand

La carta de la niña es una representación que no se puede abarcar con palabras, cada vez que aparece en la tirada me genera un proceso mental difícil de describir, a continuación, si mi capacidad me lo permite voy a intentar transmitirlo.

Antes de avanzar voy a reiterar que no creo conveniente encerrar una carta en un significado estático. Inocencia, inmadurez, carta positiva, etc están bien, pero el oráculo exige más que eso, es como si a una obra de arte intentamos violentarla con un “significado”.

No hay significados en las cartas, hay cartas, con una presencia real que evocan, nada más, el resto corre por cuenta de la creatividad del tarotista.

La figura que me ocupa en este articulo entraña significados profundos, que no hacen referencia a una niña en sí sino a un aspecto concreto del ser humano. No podemos obviar en un estudio mas o menos serio (no tan serio, soy bufón) lo enigmático de la imagen.

La niña no puede dejar indiferente a ningún tarotista que utilice el sistema Lenormand. Encierra un misterio a desentrañar, implica todo un trabajo de lectura desarrollar su simbolismo.

Antes de seguir leyendo, señor/señora lector/lectora haga una pausa, deje de atender a estas palabras y observe la figura en su mazo. Nadie puede quedarse indiferente ante la fuerza de esa imagen. La pregunta es por qué genera ese efecto.

Se nos muestra la niñez en género femenino.

¿Por qué se representa a la mujer niña? La feminidad es un misterio profundo, tanto para el hombre como para la mujer. Todo aquello que está más allá de las palabras involucra a lo femenino y le da su forma. La intuición, según el saber popular, elige a las mujeres para su expresión. La sexualidad en la mujer es un enigma del que ni siquiera ellas pueden dar cuenta, sólo sentirlo.

La mujer goza como niña, más allá de lo decible, abarca al espíritu en el goce carnal, muy distinto de los hombres, que encuentran en la posesión, en el órgano o en el hecho de realizar el acto un placer puntual y definible.

La mujer es misterio oculto detrás de una fragilidad que hace de máscara. La seducción es femenina, el amor se inclina hacia lo femenino.

Esta carta es la inocencia, no la de una niña, lo cual sería muy limitado. Sino lo que representa una niña en lo íntimo de la constitución de un adulto. Ese elemento niña que en nuestra personalidad expresa amar, desear, buscar lo nuevo con la inocencia poderosa, reveladora y sabia de la mujer niña.

Me dejé tomar por la carta, no sé si la claridad forma parte de este artículo, pero pretendo evocar más allá de las palabras y de los significados estáticos. Mi estilo un poco indeterminado, que sabrán disculpar mis indulgentes lectores, intenta trascender el “catálogo” de significados y los decálogos de teoría, tan inútiles desde mi punto de vista en un sistema de adivinación.

Las ciencias racionales exigen un conocimiento teórico de la materia en cuestión, el oráculo involucra un saber diferente, más cercano al del artista, del creador o del sabio. Tan difícil de aprehender, tan inasible. No me pretendo sabio ni mucho menos, pero es al menos el camino que un oráculo marca. Es por eso que todas las prácticas mágicas requieren el manejo mántico.

Con mi modo bufónico de explorar las cartas no pretendo esgrimir verdades sino un modo de abordar cada figura que dispare la imaginación del tarotista, es la imaginación más que el saber el camino que libera a la intuición.

La carta de la niña marca ese rumbo de sabiduría que parte de la inocencia, no de la acumulación de saber que sólo estanca. Enseña a recibir lo que se siente, la capacidad de alojar una verdad que se impone en contra de lo que nos marcan nuestros conocimientos previos.

Los verdaderos actos, los genuinos no parten del saber, se imponen desde el íntimo deseo transformador que surge en alguna parte de nuestro ser. El acto que nos hace estar vivos tiene que ver con la niña, con esa fragilidad interior, receptiva y creativa que todos portamos.

Una vez más me sorprendo con tan enredado artículo y más aún con mi decisión de publicarlo de todas maneras. Pienso que es posible que este desorden marque una dirección de lectura más productiva que una exposición “clara y distinta”.

Creo que con sólo comprender lo que la carta de la niña representa avanzaremos más en la lectura oracular que con mil páginas escritas.

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