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Reflecciones sobre las prácticas adivinatorias. Como utilizar un oráculo.

Introspección

A medida que avanzo en el comentario de las cartas me doy cuenta que mi estilo de escritura va cambiando.

Creo que empecé siendo mucho más descriptivo con las imágenes de las primeras cartas pero a medida que avanzo, mis trabajos tienen que ver más con el aspecto introspectivo de las imágenes.

Me doy cuenta que cada vez me meto más en cada carta, quedo tomado por la representación y ésta se empieza a manifestar, primero en el artículo, en la sensación que tengo al escribirlo y después se extiende a mi vida cotidiana.

Me da la impresión de que cuando escribo sobre una imagen quedo de alguna manera influenciado por esa carta y me arrastra por sus representaciones.

Es todo bastante sutil, no manden al bufón al psiquiatra, no se me aparece el zorro y me cuenta que hizo el otro día.

En este momento estoy ordenando las notas que he tomado sobre las nubes, estoy trabajando en el artículo (me dejo llamar por cada carta, así elijo sobre cual trabajo). Lo cierto es que se me hace muy difícil escribirlo. Termino dos o tres párrafos, no me gustan, los borro, empiezo de nuevo, encaro el tema desde un ángulo, me parece muy enredado, empiezo de nuevo. Divido las situaciones de confusión entre las internas y las del ambiente humano que nos rodea y me encuentro más confundido todavía.

Entre medio se desata una pequeña tormenta en mi trabajo, quedo tomado ahí, intento volver a la carta y la tormenta y la confusión continúan. ¡Todavía no naufragué!, manejo la situación, es más, me dejo tomar porque considero este trabajo de escritura como un camino personal que no se reduce al blog. Se trata de seguir el camino que propone el oráculo.

En mi trayecto se cruzó la carta del árbol por un mensaje de una amiga, me dejé tomar por esta carta también, que por algo apareció en el horizonte, aunque las nueves hacen llover sobre el árbol y me dificultan el avance.

Esto que cuento sobre las nubes me pasó con cada una de las cartas sobre las que escribí, en algunas fue más claro, en otras recién ahora lo veo.

El artículo sobre la Cruz fue para mí el más difícil, lo publiqué sin demasiada edición porque me lo quería sacar de encima por el peso que me transmitía.

La forma en que pienso cada carta muta totalmente después de un artículo, si bien conserva mucho de mi idea previa cuando termino de escribir encuentro a la representación totalmente transformada y con ella algo de mi mismo se transforma también.

Escribo estas líneas entre medio de la sorpresa y la confusión al ver el efecto que tuvo sobre mi mismo trabajar en profundidad sobre un oráculo. La decisión de publicar esto en el blog tiene que ver con mi idea de que compartir con otros las experiencias ayuda a elaborarlas.

Por otro lado este fenómeno me resulta tan sorprendente que tengo profunda necesidad de compartirlo.

Bubónicos saludos!

Razón y Adivinación

Resulta extremadamente sencillo conformar dogmas en cualquier terreno del saber. Allí donde el equívoco aparece, donde la paradoja se presenta, opera una propensión, casi una compulsión propia de la condición humana a negar el límite al conocimiento esgrimiendo una verdad que se pretende incuestionable.

De más está decir que en los terrenos de la adivinación es extremadamente poco lo que sabemos. Pensémoslo un minuto, se trata todo el tiempo del saber (para qué tiramos las cartas sino), se trata todo el tiempo de saber algo que no podemos saber, accedemos a información por vías de lo más extrañas y de ninguna manera podemos decir una palabra del mecanismo que allí interviene.

Mucha gente intentó pensar este mecanismo, Jung es el más citado. La sincronicidad es el recurso explicativo más usado para dar cuenta del modo en que actúa un sistema adivinatorio.

Lo cierto es que de ningún modo podemos salir del campo de la fe cuando construimos las pobres explicaciones pretendidamente racionales que sustentan las artes mánticas.

Aquí es donde el peligro del dogma se oculta y opera.

No hay problema con el dogma, siempre que este se reconozca como tal, entonces uno lo toma o lo deja. El peligro se hace presente cuando el dogma se confunde con la verdad. Ahí quedamos tan desarmados, tan indefensos aceptando sin más el postulado, dejando a parte todo cuestionamiento.

La sincronicidad es un flamante ejemplo de falacia de autoridad en el campo de la adivinación. Su autor, sin duda sumamente capacitado y muy buen escritor, desarrolla su teoría en el campo de la psicología. Era un discípulo de Sigmund Freud, que se desvió del psicoanálisis.

Creo que por dar crédito a la adivinación desde otro campo del conocimiento humano, prentendidamente más objetivo y científico, se lo toma como referencia, como autoridad que avala una práctica tan cuestionada en nuestra época.

Desde mi punto de vista pocas teorías tan absurdas como la junguiana han tenido tanto éxito.

¿Podemos pensar que el universo se toma el trabajo de “elegir” las cartas por un sistema de conexiones desconocidas, invisibles e impensables, para que nosotros, adivinos entrenados veamos en los símbolos si la mujer del vecino lo engaña con el carnicero?

¿Podemos pensar seriamente en una teoría tan cargada de narcisismo y tan poco sustentada en una explicación racional?

Lo que no puede explicarse es preferible dejarlo sin explicación.

Claro que podemos construir un bello dogma para tranquilizar el alma. Pero lo que encuentro difícil de aceptar es que éste se confunda con teoría y a su vez la teoría se confunda con la verdad.

Lo que propongo es que si hemos tomado contacto con los insondables misterios de lo oculto, tratar de explicarlos carece de sentido puesto que malgastaremos tiempo inútilmente en vergonzosas teorías insustentables.

¿Tan difícil es dejarse tomar por el misterio?

Es entendible que en un momento histórico donde la razón predomina sobre el mito creamos necesaria la argumentación lógica de lo que ponemos en práctica.

Pensemos si alguna cultura antigua justifica sus rituales, su mística, sus misterios con una explicación racional.

¿Que pasaría si a un chamán indio, perdido en algún lugar de la cordillera, repleto de conocimientos ancestrales transmitidos por generaciones, le pidiéramos una explicación del funcionamiento de su magia?

Seguramente nos la daría sin ningún problema. Nos contaría un bello cuento, un mito.

El mito encierra una verdad totalmente distinta a la que pretende alcanzar la razón. Es una historia que nos toca algo íntimo por medio de la ficción. Pero nunca, en ningún caso, el mito intenta violentar el misterio.

Dejarse sorprender por aquello que no podemos explicar es un modo de sentir el infinito en el cuerpo y en el alma. Pienso que de este modo, mucho más cercano al artista que al científico, el tarotista puede sacarse de los hombros la pesada mochila racional.

El Modo Bufónico de Pensar la Tiradas Lenormand

Bufónica Tirada Aleatoria Lenormand

 

Antes de continuar con el comentario de cada carta del Tarot Lenormand me interesa publicar unas palabras sobre el modo de tirar las cartas para obtener información.

Es imprescindible conocer un dato muy importante sobre las tiradas y la manera de leer las cartas para poder obtener resultados. Quiero ser muy claro en esto, es sólo mi punto de vista, por supuesto.

Lo que es imprescindible entender es que no hay tiradas, no hay fórmulas, no hay reglas ni en la distribución ni en el modo de leer las cartas.

Si desconocemos esto perderemos mucho tiempo buscando recetas para adivinar, con resultados muy pobres.

Cada tarotista tiene que buscar su modo, sin él es imposible recibir algún mensaje, ya que el mensaje no parte de las cartas sino de nuestro interior.

Para escuchar la voz de la intuición existen algunas técnicas, algunos ejercicios, pero poco valor tienen en sí. Sólo son disparadores.

El secreto y el arte del practicante consisten en lograr entender lo que la intuición dice y poder traducirlo a palabras.

Sólo la práctica es el maestro capaz de despertar esta oscura región de nuestro ser, tan inexplorada en nuestra cultura.

Ahora bien, ¿sirven las tiradas prediseñadas?. Puede que sí, de todas formas creo que las más útiles son las que uno se inventa o las ajenas ligeramente modificadas, hechas propias.

Las tiradas son esquemas pensados para averiguar cuestiones sobre un tema particular. Mi amiga blogger, azul tarot, tiene unos diseños que me resultaron sumamente interesantes, ese es uno de los motivos por el que la enlacé a mi blog. Ella escribe sobre el Tarot Rider, que es una versión del Tarot de Marsella, pero son totalmente adaptables al Lenormand.

En fin, las tiradas pueden servir de guía para la lectura, pero de ningún modo son fórmulas inamovibles.

Mi recomendación para quienes se inician es prescindir de ellas. Desde mi punto de vista son más útiles cuando se acumula algo de experiencia y se interioriza el oráculo.

Aconsejo tirar las cartas de cualquier manera, distribuirlas en el espacio de acuerdo al sentimiento de cada uno y dejarse tomar por lo que se ve. El mensaje se irá armando en nuestro interior.

Una de las cosas que intento romper con mi modo de describir cada carta es la idea de que existe un significado estático para cada una o el valor positivo o negativo que se les atribuye.

No podremos encontrar ninguna información válida si nos quedamos con esto a la hora de leer el Tarot.

Es muy común que se atribuya una correspondencia casi literal y fija a la carta  a un significado un tanto arbitrario.

Voy a valerme de un ejemplo: en una tirada en que aparece la dama, la serpiente y el zorro hay quienes se ven muy tentados a leer de forma casi “literal”: “una dama malvada con dudosas intensiones será artífice de una estafa”. Este modo de interpretar el oráculo Lenormad está sumamente extendido y creo que sólo nos puede llevar a esterilizar cualquier posibilidad de adivinación.

Hay quienes incluso llegan a unir dos cartas y darles a esa combinación un simbolismo estático.

Lo que cada carta evoca depende de la intuición en la tirada, jamás de un saber prefijado.

Es por esto que las tiradas sirven, siempre que no hagamos de ellas fórmulas imprescindibles y limitantes.

Considero a la conocida “gran tirada Lenormand” la más perjudicial en este sentido. Pretende contemplar aspectos sumamente estáticos sobre una persona valiéndose de una disposición de las cartas que se parece más a una fórmula aritmética que a un uso oracular.

Propongo a mis lectores un ejercicio: adivinar sin cartas. Es muy sencillo, la idea es relajarse durante unos minutos, dejar la mente en blanco y esperar que surjan imágenes en respuesta a una pregunta que previamente anotamos en un papel.

Estas imágenes comenzarán a despertar sensaciones y serán un disparo para la intuición. Luego de unos minutos de sentir la información que en este estado nos llega, abriremos los ojos y encontraremos en nuestra conciencia gran cantidad de datos que deberemos interpretar.

Recomiendo que la pregunta no sea muy relevante, sin tanta carga afectiva, de esta manera será más fácil realizar el ejercicio.

Es realmente sorprendente como podemos obtener la misma información que obtendríamos utilizando las cartas. Si logramos hacer lecturas de este modo comprenderemos que el mecanismo siempre se desarrolla en nuestro interior, nosotros sólo lo proyectamos en las cartas, las cuales actúan simplemente como facilitadoras.

Trato de evitar una posición de saber y mucho menos de impartir dogmas, cada quien usa los oráculos como se le da la gana y para eso no tengo objeción. Sólo intento desarrollar mi humilde punto de vista.

Es esta la razón por la cual al escribir sobre los significados de las cartas intento lograr un estilo difuso, esperando no coagular esas fantásticas imágenes con mis torpes palabras.

 

El Oráculo y el Destino

¿Podemos predecir el futuro?, ¿Son inmutables nuestras predicciones?

Destino - Neil Gaiman

Representación de Destino extraído de The Sandman - Autor: Neil Gaiman

 

Cloto, Láquesis y Átropos, hijas de la noche, entes sin padre, implacables ejecutoras del destino, funcionan más allá de la voluntad de los dioses, incluso de su propia voluntad, tejiendo la realidad escrita en el libro sin tiempo…

Los incomprensibles designios eternamente sellados mueven a los seres del universo como títeres insignificantes de una historia infinita.

El oráculo, punto de contacto entre los hombres y el distante destino transmite los designios inapelables a impotentes oyentes marcando para siempre su camino con fatal desenlace.

He aquí el destino antiguo.

La historia avanza por los laberintos de la cultura generando posibles respuestas al desesperado intento del hombre por modificar lo que la suerte le depara.

Es con el cristianismo que se consolida la concepción del libre albedrío e impone este paradójico dogma que contrapone el saber absoluto de Dios a la libertad humana y los hace coexistir sin contradicción aduciendo al misterio.

Esta idea de libertad nos marca hasta la actualidad, a pesar de lo mucho que nos tienta renunciar a ella. El motivo es el siguiente, siendo libre de dirigir mis actos soy responsable de sus consecuencias.

Predecir el futuro exige tener una concepción clara del destino, aunque en  última instancia esta se base necesariamente en una creencia y no en la razón.

La solución moderna a este problema, si bien no está determinada por un pensamiento homogéneo y funciona de manera más bien implícita es que somos libres de diagramar nuestro propio rumbo. Esto no nos exime de la responsabilidad que tenemos de tomarnos un tiempo para reflexionar.

Si pensamos en el destino como inmutable nuestras lecturas oraculares serán aproximaciones a lo que irremediablemente habrá de suceder y el títere-consultante tendrá que aceptar resignado que nada puede hacer para modificar la predicción.

La exactitud de la misma dependerá de la habilidad y práctica del tarotista para leer subrepticiamente en el libro eterno del destino.

Descarto radicalmente esta concepción y como carezco de fundamentos (antes dije que sólo cuenta la creencia en este punto) me voy a limitar a indicar los motivos de mi inclinación.

Somos responsables de ser quienes somos, de lo que nos toca y de lo advendrá.

Las circunstancias de la vida, nuestra historia y nuestro camino no están marcados por lo estático sino que se mueven con las olas de lo indeterminado.

Perdidos en la niebla, somos ciegos sin experiencia que tocamos formas que nos guían hacia zonas marcadas por nuestra elección.

En todo momento interpretamos masas informes de realidad y les otorgamos sentido y consistencia, somos creadores. Creamos nuestro presente, nuestro futuro y también nuestro pasado.

El pasado se modifica permanentemente con nuevas interpretaciones. La manera en que nos contamos nuestra propia historia fabrica el pasado sin sellarlo nunca.

¿Qué valor tiene entonces una lectura oracular del futuro?, creo que muy poca para predecir, mucha para mostrar un rumbo posible, que se perfila de acuerdo a la situación y a las creencias actuales. Una triste tendencia lejana a la verdad absoluta encontramos en el decir de las cartas.

Sepamos transmitir a quien nos consultan que el inalcanzable destino es una altiva ficción que lejos de su inmutable realidad nos marca con su inexistencia el punto donde comienza nuestra libertad.

Me permito un bufónico estilo solemne para desvariar sobre semejante tema.

Aprovecho para agradecer a mis incautos seguidores, que veo cada vez son más quienes se aventuran en leer las pobres reflexiones de este payazo oracular que intenta entretener con inhábiles malabarismos de palabras.

Ejercicio Para Focalizar y Desarrollar la Intuición

¿Cómo diferenciar la información intuitiva de expectativas, prejuicios, razonamientos lógicos, etc?

Aquí no contamos con recetas ni fórmulas, sino con ejercicios y práctica.

Lo primero que recomiendo hacer antes de empezar una tirada es “chequear” la información que nos llega a través de las funciones psíquicas (sensación, sentimientos, razón e intuición).

Empecemos por la sensación: Nos relajamos por medio de una respiración un poco más profunda que la habitual y sentimos el cuerpo. Debemos recorrer rápidamente cada parte de nuestro cuerpo y focalizar áreas de tensión. Buscar una buena postura en la que nos sintamos cómodos.

Luego nos focalizamos en las sensaciones que provienen del ambiente, tales como la luz, la temperatura, etc.

Seguimos con los sentimientos: Nos preguntamos que nos hace sentir el consultante. Puede ser afecto, amor, rechazo, odio, admiración, lástima, en fin, lo que sea. No debemos juzgar lo que sentimos, simplemente debemos sentirlo.

A continuación exploramos la información que nos llega por la razón: aquí interviene todo lo que ya sabemos sobre el consultante, si lo conocemos, o lo que deducimos por su discurso, por su manera de hablar, de moverse, etc. O sea, todas las conclusiones más o menos lógicas que vamos extrayendo del encuentro con el consultante.

Por último observamos la información intuitiva. Es sin duda lo más difícil, incluso de explicar, porque nadie nos enseña que esta existe y desde pequeños nos instan a desconfiar de ella en vez de ayudarnos a desarrollarla.

Una vez que recorrimos las primeras tres funciones la información que llega es la intuición. Puede que no encontremos nada por falta de entrenamiento o bien que nos llegue “ruido intuitivo” imposible de descifrar. No importa, estemos seguros que lo que nos llega después de este procedimiento es intuición.

Con un poco de práctica esto puede llevar unos pocos minutos, incluso segundos.

Una vez que logramos identificar la información intuitiva comenzamos a tirar las cartas.

La utilidad de este ejercicio es “chequear” la información previa a la tirada y sentir como esta se modificando por las cartas que aparecen. Cuando aprendamos a diferenciar la intuición y focalizar en ella la atención daremos un paso importante en la lectura práctica de cualquier oráculo.

Este ejercicio es muy simple, pero ayuda mucho a quienes se inician en la adivinación.

La Creatividad en las Tiradas de Tarot

Resumen: La conjunción entre creatividad e intución constituye el modo de abordar un oráculo. Los significados de las cartas deben ser amplios y nunca categóricos para dar rienda suelta al arte de la interpretación.

Tirada de Tarot

Antes de comenzar a leer los significados de las cartas Lenormand creo fundamental una advertencia preliminar que es válida también para todos los oráculos que se empleen.

Los métodos de adivinación son un medio para movilizar y posicionar correctamente la intuición que todos tenemos por naturaleza.

Estos sistemas están diseñados con este fin, por lo tanto saber usarlos no tiene que ver con conocer significados sino con saber valernos de la intuición.

Hace tiempo conocí a una persona que “tiraba los cigarrillos” con muy buenos resultados intentando demostrar la independencia absoluta del medio adivinatorio que se utilice.

Por supuesto, estas mancias experimentales funcionan en quienes tienen mucha experiencia con métodos tradicionales, es probable que no sean de ninguna utilidad para los principiantes.

Lo que intento es que se capte la idea de que no hay significados estáticos en las cartas. Todo depende de lo que dicte la intuición en el momento de la tirada.

Debemos estar muy receptivos a lo que “nos llega” a la mente cuando las cartas están sobre la mesa.

Ahora bien, ¿cómo sabemos si lo que nos llega es información intuitiva o son expectativas, prejuicios, razonamientos más o menos lógicos, etc? ¿Hay algún modo de saberlo? La respuesta es sí, pero es sólo a través de la práctica y de ejercicios específicos que podemos diferenciar estos elementos.

La pregunta es entonces para qué estudiar los significados de las cartas ya que no importan en absoluto.

En este punto la razón no ayuda, estamos acostumbrados a entender todo racionalmente y en adivinación esto no cuenta demasiado.

Los significados nos posibilitan familiarizarnos con el oráculo, entrar en contacto íntimo con él y sirven como disparadores de la imaginación.

Estamos demasiado habituados a separar imaginación de realidad, en la lectura de los oráculos la imaginación ES la realidad, son ambas la misma cosa. Si no entendemos esto no podremos predecir ni el clima.

Nuestro mundo es imaginación, nuestro yo es imaginación, nuestro lugar en la sociedad es imaginación.

Creemos que somos lo que somos porque alguien nos lo dijo o nos lo dio a entender de alguna manera. Amamos a las personas por lo que imaginamos que son y con este mismo acto las constituimos.

Nuestra vida está decorada con la ficción que nos creamos, ficción con efectos de verdad.

Estamos acostumbrados a pensar que la realidad es lo que podemos ver, tocar, medir y que la ficción es lo que crea nuestra mente pero ambas son la misma cosa.

Un país es una ficción, sin embargo tiene efectos, un rey es una ficción, sin embargo gobierna, un actor con su arte nos genera sentimientos genuinos con un personaje. Ficción y realidad se funden y confunden todo el tiempo.

Somos lo que creemos que somos. Si cambia la ficción cambia la realidad.

Entonces me permito concluir que las cartas de tarot son una ficción con efectos de verdad que actúan como canal para la intuición.

Tenemos que contar una historia con las cartas, tenemos que ser creadores y artistas a la hora de adivinar. Debemos aprender a dejar volar la imaginación guiada por la intuición.

Todo esto se vería muy limitado si reducimos la carta a un significado estático o si le damos un valor positivo o negativo. Nada de esto tiene sentido, solo limita y obtura.

Otra forma de cerrarle el camino a la adivinación es leer las cartas como si fueran un texto. Por ejemplo: sacamos la carta del añillo, el perro y la serpiente y leemos:”Te vas a comprometer con alguien que te va a traicionar”. Esto es sencillamente obtuso.

Busquemos creatividad!, hagamos un el esfuerzo de poner el alma en la lectura, como si fuéramos escritores, guionistas, poetas.

El tarot sin creatividad, sin magia, sin invención pierde su espíritu, se opaca, se marchita. Al tarot marchito no podremos usarlo más, no nos dirá nada, leeremos siempre lo mismo y nos aburrirá pronto.

Recordemos que cada tirada es única e irrepetible y se hace con el alma y con las tripas, no con la cabeza.